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JUNIO-AGOSTO DE 1.966

CAMPAMENTO MILITAR DE I.P.S. LOS CASTILLEJOS (Tarragona).

 10ª COMPAÑÍA DE INFANTERÍA

 

 

OFICIALES :

Capitán

D. RAMÓN ANDRÉS FERNÁNDEZ

Teniente

D. SEBASTIÁN CABALLERO GARCÍA

Alféreces eventuales de complemento

D. SALVADOR ESTANY BASSA
D. FÉLIX SERRANO ROYO

 

De izquierda a derecha de la foto: Alférez Estany, Capitán Andrés, Teniente Caballero y Alférez Serrano

 

Redacción por el Alférez Félix
Dibujos por el Alférez Salvador

 

Mapa de la zona

 

Plano del campamento en 1.959


Vista de una compañía

Tienda de oficiales

Tienda tipo

 

Junio de 1.966

 

Viernes, 10

La expedición de Zaragoza sale de la estación del Campo del Sepulcro-Delicias a las 0,35. Tras pasar la noche en el tren con el ánimo un tanto excitado ante la perspectiva de vivir tres meses formando parte del Ejército, llegamos a Borges del Camp (Tarragona) hacia las 6,30. Nos repartimos por turnos entre los distintos bares del pueblo para desayunar, tomando a continuación los autobuses que nos suben al campamento.

Se nota la veteranía de los que han estado anteriormente en Los Castillejos, en tanto que la incertidumbre mezclada de temor se refleja en los rostros de los alumnos que suben por primera vez las rampas de acceso al campamento a través de la pista militar que empieza en el Coll d' Alforja.

Llegados a Los Castillejos la desorientación cunde entre los nuevos; buscan la localización de sus unidades y, tras vueltas y más vueltas, se encuentran con un airado Oficial de turno que sin miramiento ni respiro les hace ir a buscar “charnaque” a un enorme montón detrás de los comedores, primera referencia que se les queda en la cabeza. Adiós al deseado descanso para recuperarse de la resaca de la noche y del cansancio acumulado en las últimas semanas con exámenes adelantados y jornadas de estudio superadas muchas veces con estimulantes. Empiezan a comprender que durante los próximos tres meses la vida militar no les dará mucha ocasión de permanecer ociosos. Probablemente debido a esta tensión se produce el primer incidente a reseñar: un alumno de segundo curso Ortiz Zárate sufre un desvanecimiento, cuyas causas no están claras para el equipo médico improvisado que lo reconoce y es trasladado en ambulancia al hospital militar de Tarragona.

El reglamento y la costumbre imponen que quienes primero llegan al campamento preparan para los demás lo imprescindible para pasar la primera noche: mantas, cabezales, fundas de cabezales, etc. Cuando llegamos los de Zaragoza esta tarea ya ha sido realizada por la expedición catalana que ha llegado la tarde anterior. Las tiendas de campaña han sido montadas por los auxiliares que llamamos “Regimentales” es decir, soldados de remplazo que hacen las tareas de cocina, limpieza, cuadras y otras que los oficiales o aspirantes a ello no realizan. A pesar de estas ayudas, pasamos el resto del día trayendo y llevando útiles necesarios para el acomodo en nuestros respectivos lugares, cayendo rendidos sobre la colchoneta a las once de la noche.

Un comentario sobre el alojamiento. Según el orden militar, todo está estratificado: los alumnos se alojan en tiendas que albergan entre diez y doce personas, con un mobiliario de una colchoneta de borra, un soporte de madera de tres piezas en disminución que, debajo de la colchoneta forma la cama, y la especie de sillón resultante de colocar las piezas de madera, la colchoneta y la manta, sobre el que sentarse a escribir, limpiar las armas, botas y correaje o descansar si hay un minuto para ello. Los oficiales alféreces duermen también en tiendas pero en lugar de doce “charnaques” y un armero hay tres camastros y una mesita de tijera. Concretamente, en la nuestra duermen los alféreces de la Compañía Estany y Serrano más un Alférez ayudante de Comandante que es de Reus y se apellida Abelló. De la limpieza, camas, vientos y botijo se ocupa un asistente a tiempo parcial, quien también trae la comida en caso de sanción de alguno de los inquilinos. Los Tenientes y capitanes duermen, sin mezclarse, en barracas de madera con habitaciones separadas de a tres o cuatro. Tanto las barracas como las tiendas de los oficiales menores tienen luz eléctrica, no así las de los alumnos quienes se alumbran con velas y linternas.

Torreón de la plaza de armas

Sábado, 11

Recuperados en parte del cansancio de ayer, nos levantamos con cierto optimismo, aún resignado, dispuestos a hacer frente a lo que venga. A fin de evitar el anquilosamiento y no perder la agilidad que requiere la vida campamental, se reparten los mosquetones o chopos como se les conoce en el argot del alumnado, inseparable herramienta a la que hay que proteger más que a la novia. El resto del día se pasa en retirar de los almacenes el instrumental necesario para salir debidamente pertrechados para hacer la instrucción y las primeras guardias, realizadas hasta ahora por los soldados regimentales, que serán relevados por los alumnos de segundo curso hasta que los de primero juren bandera y los sustituyan a su vez.

La 10ª Compañía de Infantería está formada por alumnos de segundo curso o sea veteranos que ya han pasado el verano anterior en el campamento y lucen en el rombo de la camisa las dos barras que indican su grado de Sargento Eventual, aspirantes a Oficial de Complemento. Está mandada por el Capitán Andrés y el Teniente Caballero como oficiales profesionales y los alféreces eventuales Estany y Serrano como alumnos de tercer curso, podríamos decir, que tratarán de consolidar el cargo pasando a alféreces de Complemento al terminar el campamento. Tanto el Teniente como los Alféreces mandan una sección de unos cuarenta hombres cada una, la primera el Teniente, la segunda el Alférez más antiguo y la tercera el más moderno. En el Ejército todo funciona así, por antigüedad en el cargo o la función, que no por edad. Añadir que el Alférez Estany solicitó realizar estas prácticas a las órdenes del Capitán Andrés, con quien ya había servido en su primer año como Caballero Aspirante a Oficial de Complemento.

De los primeros contactos con los hombres que forman la Compañía deduzco que es bastante disciplinada y con ánimo de cumplir con su deber y alcanzar al final de curso el premio de la estrella de Alférez. El Teniente Caballero coincide conmigo en la apreciación, que tomamos como buen augurio.

Como ya hemos entrado en materia, el Capitán decide iniciar los turnos de oficial de semana empezando por el Teniente en vez de por el Alférez más moderno como sería la costumbre regimental, teniendo en cuenta la bisoñez de los oficiales alumnos que de esta manera podremos aprender y evitar problemas cuando nos toque.

Autorretrato del Capitán Ramón Andrés

Domingo, 12

El domingo es sagrado, tanto en el orden religioso como en el laboral; es decir, no se trabaja. Se paraliza la vida ordinaria campamental dando paso al llamado horario de días festivos: la jornada se inicia media hora más tarde de lo habitual y sólo hay que formar a los toques de fajina y retreta.

Este año, acompasado a la libertad religiosa establecida por el Concilio Vaticano II, segunda parte, se permite acudir voluntaria y libremente a los oficios religiosos; esta discrecionalidad es bien recibida porque se evita la coerción anterior, mirado por el lado de las creencias religiosas, y acudir a una formación menos por el de la comodidad.

El ocio dominguero se cubre con paseos por las inmediaciones del campamento. Unos, los veteranos, pasean por pasar el rato. Otros, los nuevos, por descubrir los rincones del lugar y situarse espacialmente; ya empiezan a ser objeto de las bromas que tendrán que soportar de sus compañeros veteranos a lo largo del verano, más cuanto más se acerque el final del campamento, al que los nuevos tendrán que volver el próximo año. Para contrarrestar, parece que los nuevos vienen con muchas expectativas de salir oficiales el año próximo mientras que muchos veteranos las ven reducidas.

Este año hay una novedad que nos apresuramos a descubrir desde el Coronel hasta el último Caballero Aspirante: se trata de una moderna cafetería a la que todo el mundo llama ya SNACK, que acaba de inaugurase hace unas horas y que sustituye la antigua cantina a la que se iba, en ocasiones, con cierta aprensión. Se trata de un local enorme con barra y mesas que, atendido por soldados de remplazo, va a dar servicio a las cuatro mil personas que nos encontramos aquí entre unos y otros: Infantería, Artillería e Ingenieros. Aunque previsto para dar servicio principalmente a los alumnos, atenderá también a oficiales y jefes, si bien no desaparecerá el bar restringido a estos últimos.

Entre paseos, siesta y visitas al Snack se pasa la tarde del primer domingo de este campamento. Tras la formación de retreta se hace el silencio en la Compañía y todo el mundo se acuesta con menos cansancio que ayer pero con la expectativa de que mañana comenzará el régimen de vida ordinario de los próximos tres meses.

Lunes, 13

El horario de actividades diario a lo largo del verano será el siguiente: 6,30 diana (levantarse, asearse); 7,20 fajina (chocolate, panecillo y brioche); 8,00 instrucción; 11,30 gimnasia (pista americana, carrera, tablas ); 13,20 fajina (comida); 16,05 clases; 19,30 formación general para el acto de arriar bandera en la plaza de armas; 20,30 fajina (cena); 22,00 retreta; 22,30 silencio.

A las 15,00, al toque de asamblea, la compañía entra en su primer servicio de armas: Guardia. Durante 24 horas la seguridad del campamento está encomendada a la 10ª compañía, tiempo de gran responsabilidad para el que hay que estar preparados en todos los aspectos, tanto en el físico como en el anímico. Todos a limpiar el mosquetón, correaje y botas para estar en condiciones de superar la revista previa a entrar en servicio. Está en juego el prestigio de la compañía y sus mandos, la necesidad personal de no incurrir en falta que empañe el expediente y por qué no decirlo, el permiso del próximo fin de semana, por el que del primero al último suspiramos. Las tres secciones de la compañía se distribuyen el trabajo: vigilancia, retén y guardia. Siguiendo el mismo criterio que para la designación de los turnos de Oficial de semana, es el Teniente quien se encarga de esta última, la de más responsabilidad porque cubre los puestos de guardia que vigilan la seguridad del campamento, y los Alféreces de la vigilancia y el retén, respectivamente. En las próxima guardia y sucesivas se cambiarán las tareas para que los tres oficiales cubran cada uno de los puestos.

Desde el cuerpo de guardia se divisa, por encima del talud que se abre a los pies de este mirador natural, más de treinta kilómetros de costa, la Costa Dorada, famosa en el Mediterráneo por la afluencia de turistas nacionales y extranjeros, europeos principalmente. La perspectiva nos hace soñar momentáneamente con la compañía de la novia, esposa o ligue accidental que nos proporcione relax y amor. Ya puestos a imaginar, podemos exclamar parodiando a Espronceda en la Canción del Pirata: aquí Reus, Tarragona allí y a la derecha Cambrils. Enseguida reaccionamos a la ensoñación para no perder opciones, precisamente, a esa situación dentro de una semana. Cada dos horas se cambian los puestos de guardia, mientras avanza la noche y esperamos el nuevo día.

Martes, 14

A la formación del toque de diana acuden sólo quienes han estado de retén y de vigilancia, el resto, los que hacen la guardia, continúan cubriendo los puestos de centinela o haciendo la ronda al campamento.

El Teniente que manda la guardia escucha el grito del centinela de “guardia, a formar sin armas”, que indica la cercanía del Coronel Jefe aproximándose, en compañía de sus ayudantes, para controlar que se está cumpliendo con exactitud lo dispuesto en las ordenanzas militares sobre el servicio de armas por parte de la compañía encargada. A toda prisa pero con orden y marcialidad el oficial manda formar la guardia y da novedades al Coronel, quien inspecciona, pregunta y se despide dando término a su visita con un “gracias y buen servicio”, que se interpreta como el visto bueno a la formación, lo que nos llena de satisfacción por el trabajo bien hecho y por haber superado la prueba que el Coronel casi a diario somete a la Compañía que forma la guardia.

La sección de vigilancia hace la inspección de la compra y la visita a la enfermería, en su cometido de ocuparse de comprobar que se cumplen las disposiciones emitidas por el mando en materia de limpieza tanto en el interior de las compañías como en todo el recinto del campamento. La primera consiste en vigilar la salida del almacén de los artículos solicitados por el oficial de cocina para alimentar a las más de cuatro mil bocas que se abren tres veces cada día para comer. Es impresionante las cifras que maneja el Capitán con la mayor naturalidad: 8.000 huevos, 400 kg de carne, más los correspondientes de hortalizas, verduras, patatas, vino…Se imagina uno al gigante Pantagruel dándose un festín con lo que sale por esa puerta. La segunda es un deber obligado de caridad para confortar a quienes se encuentran allí. Afortunadamente sólo hay casos de afecciones menos graves en tratamiento u observación médica. Los más graves se evacuan al hospital militar de Tarragona.

La guardia termina al toque de asamblea, a las tres de la tarde, en que se produce el relevo por la compañía entrante. Se ceden las tareas y son los centinelas los últimos que se concentran en el cuerpo de guardia, sustituidos por los entrantes, para volver a la compañía marchando en formación con el fusil sobre el hombro. A pesar del cansancio nada cambia el horario normal: clases, formación en la plaza de armas, fajina y silencio. Ahora sí que caemos rendidos sobre el camastro con la satisfacción del deber cumplido.

Miércoles, 15

¡Primer día de instrucción! Cada oficial se hace cargo de su sección y el Capitán el de la compañía, quien manda salir a paso de maniobra por la carretera de la Mussara en busca del lugar que le ha sido asignado para este cometido, el cual no se encuentra precisamente a las puertas del campamento sino tras una marcha de veinte minutos. Marchando por esta carretera comentamos situaciones de años anteriores, como por ejemplo que aún no se han instalado los blancos en el campo de tiro o que el espacio reservado para el tiro de pistola lo han allanado. Tampoco faltan comentarios sobre lo bien que lo pasaríamos allá abajo, o sea en Salou.

Los oficiales disponen sus secciones en orden cerrado de instrucción y mandan los movimientos más habituales: descanso, firmes, sobre el hombro, presenten, etc., que salen un tanto arrítmicos las primeras veces pero que se van afinando poco a poco. Las tres secciones se unen y el Capitán manda más o menos los mismo movimientos practicados hasta que queda medianamente satisfecho; entonces ordena un descanso en el que fumamos y charlamos sobre lo que se nota la falta de práctica durante un año; en pocos días todo estará afinado y los ejercicios saldrán con soltura y marcialidad. Tras el descanso se practica un pequeño ejercicio táctico de saltos individuales bajo fuego enemigo simulado y luego otro de salto por pelotón. Este tipo de ejercicios son prácticas de lo aprendido teóricamente en la clase de Táctica.

De regreso a la compañía nos cambiamos a la carrera para gimnasia, que consiste en este primer día en un cross hasta el precipicio del vertedero. No resulta duro este ejercicio, regresando con tiempo para una reconfortante ducha.

Según el programa, por la tarde clase; tres horas atendidas por los profesores que, con pequeños descansos, se suceden en las distintas asignaturas. Los oficiales debemos cuidar de que los alumnos no se distraigan y estén sentados con dignidad sobre el suelo, con suerte apoyada la espalda sobre un pino. Las clases son al aire libre, bajo el cobijo de los árboles. La Jefatura de Estudios marca los módulos a seguir que se deben respetar a toda costa. Un día a la semana toca “Páter” o sea, un sacerdote castrense que este año nos hablará de los Concilios ecuménicos de la Iglesia. Este es un tema conocido para mí porque en el curso Preuniversitario una de las asignaturas monográficas de aquél año fue los Concilios de la Iglesia, junto a Cervantes y Geografía económica de España.

Jueves, 16

La instrucción de la mañana no resulta excesivamente pesada; el Capitán entiende que no hay que forzar demasiado el ritmo del repaso de los movimientos de armas que se aprendieron el curso pasado; el trabajo y la voluntad traerán en unos pocos días la perfección que se busca.

Los alumnos de segundo curso, Caballeros Sargentos Aspirantes a Oficiales de Complemento, se tienen que ejercitar en el mando de tropa; a tal fin, se les hace mandar movimientos de armas en orden cerrado así como de pelotón, mediante ejercicios tácticos de aproximación al enemigo, asalto a posiciones, etc. De esta forma se pone en práctica la teoría que se imparte en las clases.

Las listas del esperado permiso del próximo fin de semana ya se han confeccionado debidamente; primero por los jefes de tienda y la suma de todas en una general por el furriel de la compañía, llevadas luego a la Jefatura de Estudios para su aprobación por el Tte. Coronel al mando. El permiso semanal forma parte del régimen del campamento; no llegar a alcanzarlo por suspender los exámenes o por sanción disciplinaria es un castigo por conducta incorrecta, por lo que todo el mundo se afana en conseguirlo y poder así relajarse por unas horas del esfuerzo que exige la vida militar en la que estamos encuadrados.

Un comentario que se me ocurre hacer es que este año se han hecho algunas modificaciones al horario de otros anteriores como sustituir la teórica siesta de después de comer por una hora de descanso tras las clases y el toque de fajina para la cena. En este rato, en el que no se puede salir de la compañía, se ve a la gente charlar, estudiar o leer, tocar la guitarra, dependiendo del gusto de cada cual. Tras la cena hay otra hora libre antes del toque de silencio que se suele aprovechar para visitar amigos de otras unidades, hacer alguna compra o ir al Snack a tomar algo.

Tras el toque de silencio lo normal es que el sueño se apodere de la gente pero hay ocasiones en que tiene que ser la severa voz del oficial de turno la que ponga fin a las ganas de juerga que a veces tienen algunos.

Viernes, 17

Hoy el toque de diana resulta más liviano que otros días; se piensa en el permiso de mañana, el primero del campamento, y todos estamos un poco nerviosos sobre qué hacer y dónde ir.

La instrucción sale mejor que en días anteriores. Es tan fuerte el entusiasmo de alguno que en un ejercicio táctico de aproximación al enemigo bajo fuego imaginado, en uno de los saltos con objetivo distante y terreno abrupto, varios participantes se producen rasponazos en brazos y piernas que se exhiben luego casi como heridas de guerra. Un poco de agua oxigenada y esparadrapo los reduce a pequeñas erosiones cutáneas que podrán ser tenidas, no obstante, en cuenta a la hora de valorar el espíritu militar de los dañados.

En las clases de la tarde los profesores hacen las últimas recomendaciones sobre la actitud a tener en los exámenes de mañana, especialmente en cuanto a la tendencia a copiar de chuletas o de otros compañeros y las nefastas consecuencias a que puede llevar tal conducta sobre las notas, en caso de detectarse. También marcan alguna pauta sobre la importancia de ciertos temas que, traducidos a preguntas concretas, pueden dar pistas sobre lo que se preguntará en los exámenes. Lo normal es que se tome más en cuenta este apoyo que la amenaza derivada de copiar.

Por la noche, después del toque de retreta, hay un éxodo hacia los comedores, que se convierten en improvisadas salas de estudio más cómodas e iluminadas que el espacio de las tiendas, alumbradas con velas y sin soporte para mantener bien abiertos los libros. El inconveniente es que, siendo la forma de estudiar diferente de unos a otros, más los que directamente se aburren

enseguida y se dedican a charlar y bromear, el guirigay que se forma es tan fuerte que, al menos para los que tratan de memorizar, resulta muy difícil lograrlo por lo que al cabo del rato hay quien prefiere volverse a la tienda a estudiar allí a la luz de una vela pero con menos ruido o dedicarse a dormir confiando a la suerte lo que no se ha conseguido con el estudio. Al cierre de los comedores, quienes no se han anticipado, regresan a las compañías esperando que mañana, antes del examen, habrá un minuto para repasar lo que está prendido con alfileres.

Sábado, 18

Después del desayuno se forman las unidades, portando los hombres el “charnaque” pequeño” en la mano derecha y la “tablilla” en la izquierda, con destino a la plaza de armas, donde tienen lugar los exámenes semanales. El “charnaque” es para sentarse sobre él y la “tablilla” para mantener un plano rígido sobre el que se pone la hoja en la que se contestan las preguntas. Para un observador ajeno al campamento debe resultar extraño y gracioso a la vez ver marchar a paso de maniobra a esta tropa con tan curioso armamento en las manos.

Una vez sentadas las compañías en sus respectivos lugares los profesores empiezan a dictar las preguntas a grito pelado, las cuales se mezclan unas con otras conformando un guirigay que sólo se aclara por el conocimiento que cada alumno tiene del timbre de las voces de mando de sus respectivos jefes. A continuación de las preguntas se hacen las advertencias, a gritos aún más potentes que las preguntas, para que nadie copie, nadie hable con el compañero de al lado y nadie se mueva, delatando la intención de copiar de una “chuleta” impresa en papel o en la propia carne en la mano, pierna o muñeca; así pues, se produce un denso silencio en la inmensidad de la plaza donde miles de personas escriben a la vez. Los exámenes terminan cuando se acaba el tiempo dado para el conjunto de las materias. Nadie puede abandonar su puesto hasta que se la da la orden; dada ésta, las unidades van abandonando la plaza de armas, en formación, hacia sus respectivos destinos, comentando el examen y la suerte o no con las preguntas. Llegados a las tiendas, todo el mundo se olvida del examen, siendo ahora la máxima preocupación y nerviosismo vestirse “de bonito” para salir de permiso hasta las diez de la noche del domingo, eso sí, quien se lo haya ganado: no haber tenido sanciones y buenas notas en las clases teóricas. Tampoco salen quienes tienen servicio y los pocos que voluntariamente deciden quedarse en el campamento.


El Capitán Andrés da sus calificaciones en un descanso entre clases

Sobre las doce del mediodía forman para revista de uniformidad los que van a salir, superada la cual se produce la desbandada buscando cada uno su medio de transporte; la mayoría lo hace en autobuses previamente contratados por veteranos, con destinos diversos según la procedencia de los alumnos. Unos pocos tienen coche propio aparcado en el parking, que comparten con compañeros y amigos. Otros muchos utilizan autobuses hasta Reus, buscándose después la vida, distribuidos principalmente por las cercanas playas de Salou, Tarragona y Cambrils. Las motos están prohibidas dada la experiencia de años anteriores en que se han producido accidentes, incluido algún fallecimiento, al subir o bajar por la pista militar llena de curvas.

Ahora toca divertirse a tope como civiles y tomar fuerzas para la próxima semana. Hasta mañana por la noche.

Domingo, 19

La llegada del permiso se hace en silencio. La mayor parte vuelve cansado, con añoranza de lo disfrutado y con esperanza de repetir el próximo sábado. Una vez en la tienda, se anima el ambiente con los comentarios de los recién llegados y los requerimientos de silencio de quienes se han quedado y fingen dormir. Siempre hay quien despierta el interés, cuando no la envidia de los compañeros, al narrar las aventuras que le han acaecido, suecas y mucha imaginación mediante, durante el fin de semana transcurrido en las playas de la Costa Dorada.

Cuando el oficial de semana se cansa de las risas y comentarios que salen de las tiendas, impone el silencio acabando así el domingo y el permiso.

Lunes, 20

La mayoría tenemos cara de lunes durante toda la mañana. En la instrucción los brazos están pesados, parece como si durante el permiso se hubiese olvidado lo repasado hasta ahora. El mando comprende la abulia de este primer día de la semana y hace una amplia concesión al descanso en esta mañana de instrucción, con una pausa más larga de lo corriente. Durante estas pausas los oficiales, charlan, fuman y comentan asuntos tanto de la compañía como de otros variados temas. Hoy el Capitán propone a los oficiales, entre quienes se ha fraguado ya una excelente relación y camaradería, un pasatiempo que resulta muy instructivo, amplía conocimientos y ejercita la memoria; se trata de que, por turnos, un jugador se enfrenta a otro eligiendo un personaje célebre en cualquier actividad cuyo nombre debe ser adivinado por su oponente en un máximo de doce preguntas. Todos jugamos contra todos y quien finalmente pierde, paga el refresco de la pausa en la instrucción.

A continuación de la instrucción, en gimnasia se practica una tabla que acaba de tonificar los músculos un tanto encogidos por la inactividad física del domingo.

Por la tarde, las clases siguen el curso iniciado la pasada semana. Tras ellas, hay un rato de descanso y luego fajina, retreta, silencio y…hasta mañana.

Martes, 21

En el descanso de la instrucción continuamos practicando el juego de adivinar un personaje que nos enseñó el Capitán ayer, quien se regodea con los resultados obtenidos mediante una técnica que, a veces, le lleva a adivinarlo bastante antes de terminar su cupo de preguntas. El Alférez Salvador Estany se ha convertido, de momento, en el campeón de las derrotas y tendrá que pagar dos días seguidos. Según dice, esto le servirá de acicate para estrujarse la memoria en busca de personajes menos obvios o a acudir incluso a libros que le inspiren.

Hoy le toca a la compañía pasar revista de armas por un Comandante de Artillería muy exigente, se dice; a fin de prepararla adecuadamente, a la hora de gimnasia, cada uno se lleva el mosquetón, correaje y bayoneta y se dedica a conciencia a dejar todo como una patena: pasando la baqueta con un trapito por el ánima, puliendo las partes metálicas del mosquetón y correaje, dando betún al cuero y limpiando todo rastro de polvo en general. Las consecuencias de un “parte” por presentar sucio el armamento asustan mucho por una serie de razones: descontar puntos del crédito que cada alumno recibe al ingresar en el campamento y como consecuencia incurrir en un arresto, según la cuantía de puntos, que impide a su vez disfrutar de permiso mientras se cumple el arresto; aparte del deseo colectivo de que la compañía salga bien parada y su honor intacto. Así pues, en un silencio sepulcral, el Comandante revisa minuciosamente las armas sin que afortunadamente nadie sea siquiera reconvenido verbalmente. El Jefe de la Unidad queda contento y también los alumnos que han cumplido con su deber al superar la prueba.

El resto del día se pasa conforme a la rutina, en cuya tarde interviene el “pater”, el cura que da Religión, que continúa con el tema los Concilios de la Iglesia.

Miércoles, 22

Esta mañana, en tiempo de instrucción, se procede a evaluar a los alumnos; a tal fin, las secciones se reparten en pelotones, tres cada una, y cada pelotón es mandado por los alumnos que voluntariamente se ofrecen a tal fin. Es un ejercicio bastante pesado por lo repetitivo de los movimientos de armas en orden cerrado pero el Capitán no lo hace durar más de media o tres cuartos de hora.

Para ir y volver de gimnasia se ensaya un cántico que empieza por la extraña palabra FRU-KA-KA, que se admite y canta con bastante entusiasmo porque su originalidad nos diferencia de otras compañías que cantan canciones más conocidas. A la orden del Capitán, el cantor líder empieza entonando la palabreja, siguiéndole animosamente el pleno de la compañía, con su más potente y viril entonación.

Jueves, 23

Amanece el día con la inquietud que para los muchos Juanes que hay en la compañía supone el que mañana, día de su santo, deberán cumplir con sus obligaciones militares en lugar de celebrarlo con sus novias, familiares y amigos en las verbenas que se preparan en todos los barrios y pueblos de Cataluña. En tiempos, rememorando los ritos paganos del solsticio de verano, se conmemoraba la festividad encendiendo hogueras, bailando y bebiendo a su alrededor. Como los tiempos cambian, los ritos actuales consisten en hacer verbenas al aire libre en las que se baila y bebe hasta el amanecer. A veces se hace una contribución a tiempos pasados haciéndose una hoguera en la playa, esperando allí con libaciones a que el astro rey asome sus primeros rayos por levante para irse cada uno a su casa a liberar la resaca con un prolongado sueño.

A fin de que la nostalgia y la galbana no se apoderen de los hombres, el mando organiza una marcha, la primera del campamento, que sustituye la instrucción diaria; se constata que hay que mejorar la forma física y que se tendrán que organizar muchas otras para que se ande con más desenvoltura y agilidad.

Para celebrar en cierta medida la noche de San Juan, aunque confinados en el campamento, tras las clases de gimnasia se concede un asueto hasta la doce de la noche, con fajina voluntaria. Rápidamente se forman fiestas en varias tiendas con guitarras y cantos más o menos entonados que se lubrican con bebidas de tapadillo que se han acumulado desde hace días y con las famosas “cocas” compradas en la cantina o recibidas de fuera. De esta manera se mata el gusanillo y el personal se divierte hasta que suena repetidamente la orden de silencio porque mañana, a pesar de ser fiesta gorda en la sociedad civil, para nosotros es día de trabajo.

Viernes, 24

Cuando acudimos a gimnasia después de la instrucción se percibe en el campamento la presencia de paisanos que, con su colorida vestimenta, alegran el ojo y la imaginación de la uniforme masa caqui. Después de gimnasia, junto al Hogar del Aspirante, se reúne un grupo de padres, madres y novias de alguno de los numerosos Juanes que celebran hoy su día y que han venido a acompañarles por algunas horas, con permiso del mando. La envidia que suscita esta inusual presencia, especialmente por las novias, normalmente de alumnos de primer curso, mueve el ánimo del personal, que es puesto inmediatamente en su sitio a una voz del Capitán mandando marcar el paso y cantar el FRU-KA-KA, y la compañía desfila con marcialidad pero mirando de reojo el vistoso grupo.

A las clases de la tarde se libran de asistir los alumnos cuyas familias se han atrevido a subir a esta cumbre situada a mil metros de altitud, cuyo acceso es en buena parte una pista militar de tierra con curvas sin fin que hacen que el viaje sea para muchos de ellos el primero y el último. A las ocho de la tarde desaparecen los últimos visitantes y el campamento se sume en su habitual ritmo.

Esta tarde, tras la formación semanal del acto de arriar bandera en la plaza de armas, se ha producido un incidente desafortunado con un miembro de la compañía. Es habitual que, cuando surge la oportunidad, se abuchee a los de primer curso con gritos de “volverás”, que no ha sentado nada bien a un oficial de una compañía de aspirantes de primer curso, quien ha llevado a Comandancia a uno de los que gritaba para imponerle un arresto que sirva de ejemplo y contenga los ánimos.

Por la noche, después de retreta, se repite la peregrinación de los viernes a los comedores para preparar los exámenes de mañana; no hay más remedio si se quiere ir de “bueno” en las notas y disfrutar del deseado permiso de fin de semana.

Por la noche se proyecta, sólo para oficiales, la película “La tentación vive arriba”, con Marilyn Monroe, que es seguida con satisfacción por los asistente, incluido el Coronel de la Unidad Especial.

Sábado, 25

Segundo examen del campamento. Las unidades ya saben dónde situarse, de manera que la maniobra de colocarse se realiza más rápidamente que el sábado anterior en que hubo que utilizar planos para asentar cada una en su lugar.

En general, los alumnos conceden bastante importancia a los exámenes aunque se muestre hacia afuera una indiferencia que no corresponde a la realidad; por eso, quien más quien menos se esfuerza por leer, al menos, lo que le resulta más fácil por su trayectoria académica y por estudiar más a fondo aquellas asignaturas que no le son familiares, como a los de letras Topografía y Tiro, que requieren de ciertos conocimientos que o no se dieron en el bachillerato elemental o si lo fueron ya se olvidaron. Sin embargo a los que estudian carreras técnicas parece que les resulta en general más dificultoso memorizar párrafos de las Ordenanzas, que son más asequibles para los que estudian Derecho, por ejemplo.

Terminados los exámenes y apagados los habituales comentarios sobre los mismos, las unidades se dirigen a sus respectivos lugares donde quienes van a salir se aprestan a vestirse de bonito para pasar le preceptiva revista antes de salir al lugar que han elegido para pasar el fin de semana.

Domingo, 26

Los festivos en el Campamento suelen ser aburridos. Los pocos que se quedan: servicios de guardia y vigilancia, sancionados por las notas o que se quedan voluntariamente, pasan el tiempo como mejor pueden, normalmente paseando hasta la Mussara por ejemplo, leyendo o durmiendo. A veces, se compra a escote lo necesario para hacer una merienda, con lo que se pasa buena parte de la tarde.

La tranquilidad que reina facilita la meditación; es frecuente ver alumnos tumbados a la sombra de los pinos en las inmediaciones del campamento como pensativos o en reflexión. La suavidad del clima, el reposo, la ausencia de ruidos y el maravilloso espectáculo de la puesta de sol, favorece que el pensamiento se disperse a espacios a los que no se llega en los días normales con el ajetreo continuo.

Lunes, 27

El camino al campo de instrucción se hace con paso cansino; el interés general es de hacerlo bien pero la rémora del fin de semana se deja sentir en los músculos. Durante el permiso se suele dormir poco, a la búsqueda de la diversión, y la llegada tardía al campamento la noche del domingo más la temprana diana del lunes condicionan el inicio de la jornada. La experiencia del mando rompe la tendencia mediante la apelación al puntillo personal y la reacción es fulminante: los ejercicios de instrucción salen mejor que el lunes. El Capitán no quiere forzar la máquina a la vista del interés del conjunto y manda un descanso algo más largo del habitual. Después se hace un ejercicio táctico en que se accidentan levemente dos hombres, influidos posiblemente por ese suplemento de interés que ha conseguido el Capitán con su estímulo.

Pasado mañana es San Pedro, festivo en Cataluña y también en Los Castillejos, por lo que corresponde permiso. No obstante, por decisión del Coronel jefe de la unidad, éste no empezará a las once de la mañana como es norma en el fin de semana sino a las seis de la tarde, de manera que mañana sea un día de actividad normal.

Martes, 28

 La actividad de hoy se modifica un tanto a efectos de que el permiso de mañana se inicie una vez acabadas las tareas del día; para ello, se incrusta una clase teórica en el descanso de la instrucción de la mañana y se dan dos clases por la tarde, de forma que a las 18,00 horas quienes pueden disfrutar del permiso se preparen para salir a las 19,00 h, como así se hace.

Miércoles, 29. Festividad de San Pedro

Hoy se presenta como un día de domingo corriente: menos formaciones y más descanso que los días de trabajo, además de paseos, lectura, escritura de cartas, escuchar música y las que se improvisan para matar el tiempo. Estos festivos entre semana son bastante raros; no salir es desperdiciar una oportunidad de pasarlo bien aunque a un precio que no siempre se puede o debe pagar, teniendo en cuenta que el siguiente permiso está a menos de tres días; y quedarte en el campamento, pudiendo irte, es pasar un día aburrido, aunque económico, pensando en el próximo fin de semana. Al caer la tarde consuela un poco, aunque con mala conciencia, pensar que se acaba el día y que pronto estarán de vuelta los que han salido. Cuando llegan, efectivamente, se repiten los comentarios, ruidos, risas y bromas de los domingos que acaban cuando la paciencia del oficial de guardia se acaba también y manda apagar luces y guardar silencio de manera inmediata. Mañana, como todos los días, el toque de diana suena a las 6,30 h y hay que descansar.

Jueves, 30

Corta va a ser esta semana, no va a durar más que dos días y medio. Tiempo en el que la compañía va entrar de guardia por segunda vez desde que empezó el campamento. Los alumnos de primer curso no pueden hacer guardia de armas hasta que hayan jurado bandera, por lo que en la primera mitad del curso las hacen los de segundo curso y en la segunda los de primero.

A las tres de la tarde, después de las clases teóricas, que por esta circunstancia se han cambiado a la mañana, empieza la guardia que durará 24 horas y que se divide en tres actuaciones o partes: guardia de prevención, que desde el puesto de guardia cubre los puestos de centinela, vigilancia de arrestados y seguridad general del campamento. Vigilancia diurna, con el cometido de velar por el orden interno y vigilancia nocturna con la misma función pero por la noche. Estas dos últimas cumplen sus misiones desde su lugar habitual en la compañía. Cada una de estas tareas estará mandada por un oficial, turnándose en cada guardia de forma que los tres, el Teniente y los dos alféreces, estén al mando de cada una de ellas. La más complicada es la de prevención por la responsabilidad que conlleva, así que la guardia anterior, la primera, fue el oficial más veterano quien la mandó; en esta ocasión le toca a quien suscribe, nervioso ante la responsabilidad de la primera vez.

Después de la revista previa al relevo de la guardia saliente, se arman las bayonetas y marcando el paso con marcialidad nos acercamos al cuerpo de guardia donde se hace el relevo; será la 10ª de Infantería la unidad que se hará cargo de la seguridad del campamento las próximas 24 horas.

Durante la tarde no ocurre nada de particular. Los relevos de centinelas se suceden regularmente cada dos horas, se arría la bandera, se reparten los turnos para la cena, se pasa lista a los arrestados y se rellenan con no poco esfuerzo los numerosos partes de que por cualquier cosa que se mueva o esté inmóvil hay que rellenar con varias copias. Tras el toque de silencio, quienes no están de centinela se aprestan a dormir un rato en los jergones al efecto hasta que les llegue el turno.

 

Julio de 1.966

 

Viernes, 1

Continúa la guardia. El oficial y el alumno en prácticas de oficial pasamos la noche confeccionando los partes de retreta y diana que se deben entregar antes de las ocho de la mañana al Coronel, Tenientes Coroneles y Comandantes de Batallón por duplicado. Hacia la una de la madrugada el Teniente Caballero se pasa por el cuerpo de guardia para hacernos una visita de compañeros, que agradecemos y aprovechamos para consultarle dudas, por su mayor experiencia, sobre cómo rellenar los dichosos partes que traen de cabeza a todos los oficiales que hacen su primera guardia; aunque bien pensado, no creo que nadie se tome mucho interés en escudriñar su contenido toda vez que la información que se plasma en estos estadillos está mejor y más ampliamente detallada en los archivos de la Unidad Especial.

La noche está fría, con la típica niebla que muchos días de verano, a la caída de la tarde, cubre el campamento y alrededores, calando el frío hasta los huesos. Es consecuencia del enfriamiento rápido del aire caliente que asciende de la costa al encontrarse con el frío de las montañas. Es tan habitual esta niebla que hasta tiene nombre: Josefina, lo único femenino del campamento.

Van transcurriendo las horas y la noche va perdiendo su espesor, dando paso a la precaria claridad que anuncia el día, primero, y al fulgor de la luz solar, poco después. A las seis de la mañana todo el que dormitaba en el cuerpo de guardia se pone en pie; se hace limpieza, se pasa lista a los arrestados y nos apercibimos para formar la guardia ante la posibilidad de que el Comandante de día o el propio Coronel Jefe hagan una visita. A las siete menos cuarto se iza la bandera, dando comienzo propiamente al día militar.

Hacia las once de la mañana se oye el grito del centinela dirigido al cabo de guardia de ¡A formar la guardia sin armas! Todos comprendemos que el Coronel de la unidad se ha aproximado al cuerpo de guardia lo suficiente como para entender que quiere hacer una inspección. En efecto, la guardia se forma con orden y rapidez y el oficial al cargo da novedades. El Coronel, acompañado por el Teniente Coronel jefe de estudios entran en el recinto del cuerpo de guardia, supervisan el orden y limpieza y salen tras hacer varias sugerencias como regar las inmediaciones para disminuir el polvo. No escapa de su escrutinio la escasa marcialidad con la que el oficial de guardia le ha saludado al presentar la guardia formada, según su criterio. No obstante, como expresa Cervantes en el estrambote de su famoso soneto al túmulo de Felipe II en Sevilla: “Y luego, incontinente,/ caló el chapeo, requirió la espada/ miró al soslayo, fuese, y no hubo nada” , con lo que todos nos felicitamos y quedamos relajados para afrontar las escasas horas que nos quedan. Efectivamente, la 11ª de Infantería nos releva a la hora convenida y con el arma sobre el hombro desfilamos hacia nuestra compañía donde nos despojamos de los correajes, botas y armamento que no hemos dejado ni un momento en las 24 horas que ha durado la guardia. Sin tiempo alguno para relajarse se vuelve a formar, ahora todos, para las clases teóricas; así que, acabadas éstas no vemos la hora de acostarnos y reparar con el sueño el cansancio del día, a lo que llegamos por fin tras los toques de fajina y silencio.

 Sábado, 2

Anoche, víspera de exámenes, no se produjo la repetida peregrinación de los viernes por la noche a los comedores para repasar las lecciones de la semana; el cansancio de la guardia lo evitó, aún siendo conscientes de que podrían no salir demasiado bien.

Siguiendo el programa previsto, a las ocho se forman las compañías para el examen semanal en la plaza de armas, que se vuelve a llenar de “charnaque” , con los alumnos sentados sobre ellos, bien alineados y expectantes a las preguntas. Sorprende, a veces, en pleno examen el vuelo bajo de una avioneta del ejército que parece como si vigilase a todo el mundo de una vez para que nadie copiase, aunque lo más normal será que se toman fotografías aéreas con no sabemos qué objeto. No obstante este ojo aéreo, siempre se aprovecha el revuelo de los momentos finales en que se entregan los ejercicios para, en pocos segundos, sacar la “chuleta” salvadora y rellenar la pregunta dejada en blanco o para preguntar por un problema que no se sabe. Un “copista” poco hábil ha sido cogido “in fraganti” con el papelito que tenía apuntadas ciertas respuestas; tendrá su castigo y los demás su escarmiento en cabeza ajena.

Terminados los exámenes, el Teniente Coronel Mayor pasa revista de policía a todas las unidades de clase y luego…, permiso. Cada uno a los lugares de su preferencia: Barcelona la mayoría por ser oriundos de esa ciudad pero también salen autobuses para Zaragoza, Tarragona, Castellón, además de los muy utilizados a Reus para quienes nos quedamos por las playas del litoral próximo.

Domingo, 3

Siendo éste un cuaderno de las actividades del campamento y por tanto público, dejamos el relato de las vivencias del fin de semana para otro privado, si se escribiere. Aquí solo se narran las militares.

Lunes, 4

Comienza una nueva semana que va a ser más larga de lo habitual ya que el próximo sábado entramos nuevamente de guardia y, caso de que haya permiso, solo será del domingo.

Con paso cansino se dirige la compañía al campo de instrucción donde se forman pelotones, nueve en total, que surgen de dividir cada una de las tres secciones a su vez en tres pelotones. Cada uno de ellos es comandado por un alumno, en movimientos de armas en orden cerrado, a través del que se pueden valorar sus capacidades de mando y militares en general. Tras un descanso en el que los oficiales seguimos practicando el juego de adivinar personajes, se prepara y realiza un ejercicio táctico mandado por el Teniente.

En la clase de gimnasia que sigue a la instrucción, practicamos la pista americana o de aplicación militar, como se llama en lenguaje militar, bajo la supervisión del Comandante del Batallón. La pista consiste en un recorrido de 400 metros de largo que incluye una serie de obstáculos con distinto grado de dificultad, que si no se abordan con decisión y buena preparación física pueden ser insalvables para algunos. También el Sr. Coronel, en su diligencia habitual en el control de la Unidad Especial, se aproxima a observar el celo de los alumnos en la superación de los obstáculos y no pierde ocasión de censurar, corregir y amonestar a los menos prácticos en los saltos, escalada, paso bajo alambradas, o lo que sea.

Sudorosos como estamos, nos reconforta la ducha de agua fría que tomamos a continuación, que viene a ser el premio del día, no en vano se agradece al comentario de “ la dicha es mucha en la ducha”, según nos enjabonamos y aclaramos con suficiente agua, que no siempre es el caso.

Las clases de la tarde a la sombra de los pinos se suceden monótonas; a veces no se puede evitar caer en el sopor que lleva a una cabezada ocasionalmente prolongada, que si es vista por el profesor produce una amonestación o sanción de puntos. Luego se sucede la rutina diaria: descanso, fajina, lista de retreta y silencio. Los imaginarias velan el sueño del resto de sus compañeros.

Martes, 5

El día, mejor dicho, la noche presenta la novedad de hacer una marcha nocturna con participación de todo el II Grupo de Infantería, más de 600 hombres. Se adelanta la hora de la cena y con las energías renovadas nos disponemos al ejercicio nocturno. A la luz de la luna llena bajamos por la carretera que conduce al campamento hasta el cruce de Arbolí. A pesar de las fuertes rampas de la pista militar el descenso no resulta difícil, la noche está suave y desde nuestra altura distinguimos las luces de pueblos y ciudades que se encuentran, podríamos decir, a nuestros pies. Tal es la ilusión que la limpia atmósfera nos hace sentir más la nostalgia de los fines de semana en los que realmente estamos en aquellas luces disfrutando de las aventuras veraniegas.

La cadencia de las marchas militares es de cincuenta minutos de marcha y diez de descanso sobre el terreno, sin abandonar la posición. A partir del segundo tramo se agradece el descanso, pues ya llevamos caminando unas dos horas. La finalidad de estas marchas nocturnas, aparte del fortalecimiento físico, es la de ejercitarse para la aproximación al enemigo aprovechando la oscuridad de la noche, por lo que se establecen escalones de flanqueo, vanguardia y retaguardia.

Llegados a las casas de Mas d'en Rei se produce una escaramuza por parte de guerrilleros que tratan de desarticular las unidades creando caos y temor. Al sonar los primeros disparos todos nos salimos del camino apostándonos, cuerpo a tierra, en posición defensiva según marcan las normas para este tipo de situaciones. Las unidades antiguerrilla cumplen con su misión correctamente de neutralizar o aniquilar los guerrilleros, con lo que nos incorporamos y volvemos a tomar la posición de marcha no sin antes haber comprobado que cada cual tiene delante y detrás quien le precedía y seguía al iniciar la marcha. Nos imaginamos qué hubiera pasado si en lugar de tratarse de un ejercicio con final conocido se hubiera producido de verdad, bastante trabajo hubieran tenido los oficiales para tener la tropa controlada y que no nos disparásemos los unos a los otros, mejor no pensarlo.

La vuelta al campamento se hace pesada por las fuertes rampas que hay que subir, sin embargo no se reduce el ritmo. La cabeza sube con fuerza y nos obliga a todos a seguir el paso. No se oye más que las respiraciones jadeantes de todos, que nos esforzamos por no quedarnos atrás. Los últimos repechos nos sitúan ya en las primeras tiendas del campamento que acogemos con alivio. Después de una ducha opcional y un breve tiempo para organizar los camastros o “charnaque” nos acogemos al sueño, rendidos, ya que mañana tocarán diana a la misma hora de siempre.

Miércoles, 6

Ante la proximidad de la jura de bandera por parte de los alumnos de primer curso se van haciendo los preparativos pertinentes para que la solemnidad del acto lo sea en todos los aspectos, y de ellos el más importante es el desfile en la plaza de armas. Para conseguir que resulte lo más perfecto posible, a partir de hoy todas las tardes después de las clases las unidades se van a reunir en sus proximidades para ensayar. Bajo la atenta mirada de un jurado calificador, que valora la compostura y marcialidad, vamos desfilando las unidades del campamento corrigiendo los defectos que se aprecian desde la perspectiva de los observadores.

En el ámbito físico de la compañías también aparecen señales de policía como se denomina en el lenguaje castrense a la limpieza y embellecimiento de su entorno: encalado de las piedras que delimitan el perímetro de las tiendas, construcción de pequeños monumentos con lo que se identifica cada unidad, rivalizando entre ellas; se esculpen tallas, esculturas de madera con motivos militares a cargo de los alumnos de Bellas Artes o maquetas de obra también alusivas a cargo de los de Ingeniería y Arquitectura. Estos trabajos se realizan sobre todo en las unidades de los alumnos que van a jurar bandera en sus ratos libres, que no son muchos.

Jueves, 7

La rutina de la vida campamental solo se ve alterada por las guardias, marchas y permisos. Cuando no se da ninguna de estas circunstancias, como hoy, se repiten los actos previstos: instrucción por la mañana, gimnasia a continuación y clases teóricas por la tarde, intercalado todo ello por las formaciones habituales de diana, fajina y retreta.

Viernes, 8

El día amanece espléndido, lo que termina de redondear el buen ánimo puesto que mañana empieza el permiso de fin de semana y que hoy se rompe la rutina cambiando la instrucción y gimnasia mañaneras por una marcha. No es que éstas sean cómodas pero las preferimos al campo de instrucción. A la marcha concurren las seis unidades del II Grupo de Infantería con su comandante al frente. Se espera cubrir el trayecto previsto de 16 Kms progresando a velocidad militar: cuatro kilómetros a la hora, caminando cincuenta minutos y descansando diez.

A las ocho de la mañana ya estamos saliendo por la pista de acceso al campamento que nos llevará al cruce de Arbolí y luego al pueblo mismo por cuyas calles pasamos sin detenernos; unas pocas mujeres en el lavadero y algunos niños son nuestros espectadores, los hombres se encuentran en el campo en tareas de recolección. El minúsculo pueblo se encuentra emplazado al pie de un cerro de unos 150 metros de altura, que tenemos que ascender por una senda de cabras en fila india hasta alcanzar la cumbre. Al llegar arriba tenemos que hacer un pequeño alto fuera de programa para que la compañía se compacte ya que en la subida se ha estirado más de 200 metros. A partir de aquí el camino es una sucesión de subidas y bajadas por un terreno muy escabroso que hace mella en la resistencia física, reconfortada, al menos visualmente, con las excelentes vistas que contemplamos; al fondo de un profundo barranco discurre un riachuelo que al atravesarlo aprovechamos para mojarnos las manos y beber un corto trago de agua. Tras el refresco, vuelta a subir hasta Mas dels Frares o casa del Coronel donde se hace un descanso de veinte minutos.

Todavía faltan las más empinadas rampas hasta acceder al campamento por la zona del polvorín, que salvamos con un último esfuerzo de amor propio y sudor. La ducha que nos espera nos anima a llegar a casa en buen orden de compañías, cantando cada una la canción que la identifica. Controlado el tiempo invertido, verificamos que ha sido el previsto, casi cuatro horas y media: cuatro horas marchando a cuatro kms la hora más los veinte minutos de descanso.

En las clases de la tarde terminamos de reponernos del cansancio de la mañana.

Sábado, 9

A las siete de la mañana acude la compañía a la parada para la revista de armas previa a la guardia; esta es la última ya que después de la jura de bandera serán los aspirantes de primer curso, los CAOC o Caballeros Aspirantes a Oficial de Complemento, quienes se encargarán de hacerlas. Es el propio Capitán Andrés quien pasa la revista tomando nota de quienes no presentan el armamento en perfectas condiciones de limpieza. No sabemos si se transformarán en partes, por lo que los afectados se quedan algo asustados. Pasada la revista, la guardia principal al mando de su oficial, se dirige al cuerpo de guardia a relevar a la batería de artillería que la ha precedido. La sección que cubre la vigilancia diurna sale también a cumplir sus obligaciones, quedándose solo en el recinto de la compañía los cuarteleros y la vigilancia nocturna.

Por la tarde, a falta de pan buenas son las tortas, se juntan en una tienda los pocos que quedan y con un par de guitarras y la voluntad del resto se va formando un jolgorio poco entonado pero animoso que aumenta de volumen según se van aportando más botellas de coñac. Cuando el ya barullo sube decibelios por encima de lo que el oficial a cargo, el Alférez Félix, considera soportable, lo resuelve trayendo a la tienda de oficiales a los tres o cuatro más animados, con lo que el grupo de disuelve restableciéndose la calma, momento en que el oficial devuelve a los requisados.

Al toque de silencio la vigilancia nocturna sustituye a la diurna y se organizan los turnos; la primera ronda sale al mando del oficial a cuidar el orden en el campamento, con poco trabajo ciertamente porque los pocos que han quedado, después del cine se han acogido a sus respectivos lugares y no se oye un ruido.

Domingo, 10

A las nueve de la mañana la 11ª compañía de Infantería nos releva de la guardia, con lo que aún tenemos el día completo para disfrutar fuera de Los Castillejos. Dicho y hecho, un autobús embarca a unos cuarenta alumnos y oficiales de la 10ª con destino a Reus para pasar lo que resta de domingo por las playas próximas, y a las once ya estamos en destino. El Capitán Andrés tiene servicio de día y no puede acompañarnos, el Alférez Estany se queda en Reus con su novia, que se ha trasladado desde Granollers para acompañarle y el Teniente Caballero y yo nos vamos con el “Carrilet” a Salou donde pasamos el día bañándonos en su magnífica playa. A las diez y media de la noche estamos de regreso en Reus, donde los mismos que hemos llenado el autobús de bajada lo volvemos a llenar de subida, llegando al campamento a las once y media.

Lunes, 11

Hemos entrado en la semana de la jura de bandera por los CAOC de la XXV promoción de I.P.S. Para lograr que los actos salgan con la brillantez requerida por el solemne acontecimiento se extreman las medidas de control sobre las actividades que formarán parte del programa. Los ensayos del desfile, la formación de las unidades pero también la presentación y embellecimiento del campamento en su conjunto son objeto de la rigurosa mirada de los mandos y especialmente del Coronel, que sólo da el visto bueno cuando le parece que todo está perfectamente sincronizado.

El Snack, que se estrena este año oficialmente en los actos de la jura de bandera, recibe los últimos retoques; los carpinteros ponen los cristales de la terraza y se ordenan los alrededores. También los espacios que acogen las compañías se acicalan blanqueando sus cercos y sembrando cebada que pondrá un toque verde, al menos por unos días. Continúan los ensayos para el desfile cada mañana después de instrucción y cada tarde, con armas, y no cesan las recomendaciones por parte de los mandos para que todo salga bien y se quede en buen lugar ante las autoridades militares y civiles que lo presidirán. El jurado calificador hace su labor de limpiar los ya escasos fallos que se siguen produciendo en la evolución de las unidades.

Al margen del empeño en salir airosos del acto más importante del campamento, los comentarios de estos días son los que se derivan del campeonato mundial de fútbol que se está celebrando en Wimbledon (Inglaterra); y los que nos afectan más de cerca, como son los rumores o “macutazos”, como se dice en argot militar, sobre los días que habrá de permiso. También son sólo “macutazos” lo que se conoce sobre la decisión de modificar el horario del toque de diana de las seis y treinta a las seis horas que tiene lugar a partir de hoy.

Martes, 12

Los rumores sobre los que hablábamos ayer siguen circulando aunque matizados por el hecho, casual o no, de que ayer, mientras esperábamos para ensayar el desfile, se le oyó comentar al Sr. Coronel, a su paso a la altura de nuestra compañía, que los tres días con los que normalmente se celebra el acto de la jura, él podría añadir otro más, con lo que el permiso sería de cuatro. La noticia se difunde rápidamente y queda en posibilidad aceptada, al menos hasta que se confirme o desmienta.

Por lo demás, continúa el ritmo normal de la instrucción; cada día realizamos un ejercicio táctico sobre el terreno: relevo de sección, ataque a una posición enemiga, una retirada ordenada, etc. Lo mismo con las clases teóricas, y el curso avanza según el ritmo establecido; si éste se interrumpe por alguna circunstancia imprevista se tiene que recuperar acortando y acelerando la explicación de las lecciones. Hablando de lecciones, en la clase de religión el “pater” hoy ha dejado de lado el tema de los Concilios que viene desarrollando todo el verano y ha dedicado el tiempo a disertar sobre el matrimonio cristiano. Al menos se ha hecho un paréntesis en el aburrido tema conciliar.

Miércoles, 13

Amanecemos con una espesa niebla que deja una visibilidad de pocos metros. Ya hemos dicho que la “Josefina” se produce como consecuencia del súbito enfriamiento del aire caliente que viene del mar al encontrarse con la altitud de la montaña, y el mayor calor de estos últimos días produce una niebla más espesa de lo habitual. A media mañana, no obstante, se abre y nos invade un fuerte sol que nos hace sudar la camiseta en los distintos ejercicios que practicamos en instrucción. Cada oficial manda su sección en ejercicio de orden cerrado y a continuación es el Capitán quien manda la compañía al completo, quedando satisfecho de la precisión del conjunto. Luego, como todos los días últimamente, se hace un ensayo para el desfile del próximo domingo 17.

Durante el tiempo de gimnasia, en el que la compañía va a pasar la pista americana, el Teniente con veinte voluntarios sacan del almacén el armamento colectivo con el que se van a hacer ejercicios teóricos y prácticos a partir de ahora: tres morteros de 81 mm, dos ametralladoras Alfa y dos lanzagranadas. Este material se añadirá al ligero que se maneja y se portará siempre en los ejercicios de instrucción.

En otro orden de cosas, los aficionados al fútbol, que son legión, están de enhorabuena pues desde el día 10 al 31 se celebra en Inglaterra el campeonato mundial de fútbol. A tal efecto se toman varias medidas como instalar aparatos de TV en ciertos lugares del campamento para seguir los encuentros de mayor trascendencia así como retrasar la cena media hora. Hoy toca enfrentarse a la selección de España contra la de Argentina que despierta máxima atención y expectación pero que desgraciadamente quedan defraudadas ante el resultado de España 1 Argentina 2. El desengaño se traduce en los parcos comentarios sobre el encuentro que se hacen durante la cena y que achacan el resultado a la escasa capacidad del equipo español para conjuntarse y, precisamente, jugar en equipo.

Jueves, 14

Durante la última guardia que hizo la compañía el pasado día 9, a cargo del Alférez Estany, se advirtió la pérdida de un machete-bayoneta de la que hubo que dar cuenta al mando, sin saber a ciencia cierta quién lo había perdido; estas cosas pasan porque se intercambia el material, y si el que lo ha perdido no se ha dado cuenta o no lo dice, es difícil de averiguar. Ni que decir tiene que esto ya supone la apertura de una investigación con búsqueda de responsabilidades personales. Aunque el parte ya ha sido cursado, prácticamente todo el Batallón participa en un rastreo en el que finalmente aparece el dichoso machete en las inmediaciones de un puesto de guardia; lo más probable es que quien lo perdió, acuciado por una necesidad fisiológica, al agacharse se le desprendiera de la funda sin darse cuenta. Lo más duro había pasado pero como el parte ya se había entregado hubo de solicitarse su retirada antes de que se empezara la investigación y de hecho se consiguió; sin embargo sólo por haberse presentado, podía implicar la apertura de una causa militar por pérdida de material de guerra. Finalmente el parte se anula y el asunto no va a más pero el Capitán Andrés quiere encontrar responsables entre la sección que formaba la guardia, con su oficial incluido.

Esta noche hay programado un ejercicio nocturno para el II Grupo de Infantería. Las unidades actuarán de dos en dos en los lugares reconocidos sobre el terreno por la mañana. Se adelanta la hora de fajina las 21,15. Quince minutos antes de formar comienzan a caer gruesas gotas de lluvia que preludian una fuerte tormenta, cuyo aparato eléctrico se ve a distancia. Quedamos a la espera de órdenes que finalmente llegan para anularlo.

En lugar del ejercicio nocturno se proyecta en el cine de oficiales una comedia protagonizada por Claudia Cardinale y Jean Paul Belmondo llamada “Cartouche”, que nos llena el cuerpo de alegría, con una CC despampanante.

Viernes, 15

Ensayo de la jura de bandera. La preocupación del mando porque sea un espectáculo brillante, que muestre a los visitantes el nivel de preparación de esta Unidad Especial crece a medida que se reducen los días para que tenga lugar, por lo que los ensayos, recomendaciones y directamente órdenes nos ponen a todos en tensión. A tal efecto, por la tarde se concentran todas las compañías en la plaza de armas para realizar un ensayo general de los actos que se desarrollarán pasado mañana. La banda de música, procedente de un regimiento de Tarragona, se coordina con la banda de tambores y trompetas de la Unidad Especial, dotando de solemnidad el ensayo que los alumnos del primer curso van haciendo al desfilar, besando la bandera de uno en uno, según harán el domingo.

También se dedica tiempo a la limpieza y embellecimiento del entorno como las estatuas o maquetas de alegorías o motivos militares que a escote pagan los alumnos de cada unidad y que, de momento, están tapadas con lonas o cañizos hasta su inauguración el día de la jura, en competición con las demás compañías. Durante el tiempo de gimnasia se acarrean piedras sobre improvisadas andas hechas con palos y “charnaque” para completar los cercos de las tiendas que luego se encalarán. Ya es tarde para plantar cebada que introduzca un color verde en el ocre de la tierra.

Sábado, 16

Como cada sábado, a partir de las ocho de la mañana, tienen lugar los exámenes. El de hoy se acomete con más alegría porque ya nos estamos relamiendo con el próximo permiso que, se ha confirmado, será de cuatro días y medio y aún hay quien sueña con que pudiera uno más, con lo que ya se empalmaría con el siguiente fin de semana. Sea como fuere a la gente se la nota contenta. Los exámenes se hacen con rapidez y las unidades vuelven a sus lugares.

A las nueve forma la compañía para instrucción, dirigiéndonos a un lugar distinto al habitual próximo al cuerpo de guardia, donde un viento y un polvo horribles hacen que las evoluciones se conviertan en un calvario durante la hora larga que duran; todo sea por el desfile de mañana, del que tampoco hoy nos libramos, y el permiso de después. Por la tarde se terminan de arreglar las tiendas, limpiar correaje, mosquetón y botas, y a las seis último ensayo en la plaza de armas con todas las unidades.

Algunas baterías de Artillería exponen murales en los que con bastante arrojo y descaro se presentan de forma sarcástica aspectos nuevos y viejos del campamento y de la vida militar en general, sin olvidarse de algunos mandos cuyas características todo el mundo sabe reconocer en las alusiones, como los Comandantes “el perlas” o “lupus Indaletium”; el primero porque en las revistas de armas que le toca pasar es fácil que reprenda a algún alumno con un “si este mosquetón está limpio mis cojones son perlas”, y el segundo porque su aspecto y carácter le delatan como el cánido a que se alude. A pesar de la permisividad de la ocasión, no sé si el mando hará la vista gorda ante estas gruesas burlas o mandará retirarlas y aplicar alguna sanción por lo que, antes de que suceda, nos apresuramos a visitarlos. Tampoco falta cantidad de fotos de actrices de cine en su mejor lencería, sacadas de revistas que en España son difíciles de encontrar.

Otros años, la víspera de la jura se convertía en una especie de borrachera colectiva favorecida por la peregrinación a los bares improvisados en cada compañía en los que se ofrecía alcohol gratis. Se pasaba una bonita noche pero la resaca producía que en la formación solemne del día siguiente se tuviera que montar un servicio sanitario para atender a quienes se desvanecían en los largos períodos de “firmes” durante la misa y resto de actos. Así pues, este año el Coronel ha prohibido no sólo que el alcohol circule en las tiendas sino también en las cantinas, con lo que nos quedamos un poco frustrados y aburridos pero en mejores condiciones.

Vista de la plaza de armas el día de jura de bandera, con las unidades formadas

Domingo, 17

 Por fin ha llegado el tan esperado por todos día de la jura de bandera de los Caballeros Aspirantes a Oficial de Complemento de la XXV promoción. Todo está en perfecto estado de revista para recibir al Capitán General de Cataluña que presidirá el acto así como a los familiares de los alumnos que van a llegar para acompañarles.Desde temprano invade el campamento un numeroso grupo de civiles, algunos de los cuales no se privan de entrar en las compañías y hasta en las tiendas para ver cómo viven sus hijos, hermanos y novios, provocando el grito por parte de los cuarteleros de ¡¡madera!!, en alusión a la presencia de mujeres jóvenes.

A las 9,30 ya están formadas las unidades, a la espera de la llegada de la máxima autoridad para que comiencen los actos. Las visitas se alinean a lo largo de la plaza de armas tratando de divisar a sus parientes. Llegado el Capitán General, pasa revista a las tropas que le rinden honores y comienza la misa de campaña; a su terminación, el juramento colectivo a viva voz y luego la confirmación, desfilando de a uno para besar la bandera. Nuevo paso, esta vez de a tres bajo la bandera, alocución del Sr. Coronel, palabras del Capitán General y desfile de toda la fuerza de la Unidad Especial ante las autoridades militares y civiles y público asistente. Las unidades desfilan con marcialidad y orgullo, acompasándose con la música de la banda de trompetas y tambores. Los aplausos que se reciben por parte de publico nos indican que todo está saliendo bien y nos hacen esforzarnos aún más, como así lo confirman más tarde los jefes de la compañías que han sido felicitados por los mandos.

Acabado el desfile se ofrece un vino español a las autoridades y familiares de alumnos; éstos ya están deseando que se acabe el protocolo y se abra la carretera por la que desfilen, ahora, los numerosos automóviles y autocares que los trasladarán al mundo civil por unos días. Así que con un tiempo espléndido vamos saliendo de Los Castillejos formando una serpiente motorizada que llega hasta Borges del Camp y más adelante. Decimos hasta luego y buen permiso.


10ª Compañía de Infantería desfilando el día de la jura de bandera

Viernes, 22

La diana, con su estridente despertar, levanta los somnolientos cuerpos afectados por la molicie del largo permiso; sin embargo, el horario es rígido y no da tregua al sueño ni a la flojera. Como los reflejos no están afinados, la instrucción no sale con la precisión necesaria y el Capitán, que sabe lo que se lleva entre manos, manda parar unos minutos. Cuando se vuelve a intentar, parece que se ha engrasado la formación. No se insiste por hoy, seguro que mañana saldrá como antes del permiso.

Casi no se ha vuelto del permiso y ya se están haciendo las listas para el próximo de mañana; la diferencia es que en éste no se saldrá a media mañana sino por la tarde, después de las clases.

Esta noche tiene lugar el ejercicio nocturno que no se pudo llevar a cabo el pasado viernes a causa de la fuerte tormenta; consiste en la infiltración de un pelotón enemigo a través de las líneas defensivas de la compañía. Algunos logran infiltrarse burlando la vigilancia mediante una elemental estratagema: trabajando en parejas, mientras uno arma ruido y atrae la atención de las defensas, el otro, orientándose de la situación de los vigilantes por sus voces, alentando la captura del infiltrado, aprovecha para colarse.

Acabado el ejercicio a las once y media, regresamos al campamento y nos rendimos rápidamente al cansancio y al sueño que nos acosa.

Sábado, 23

Sin materias explicadas tampoco hay exámenes; la mañana se emplea, pues, en recuperar una hora lectiva en el tiempo de instrucción y por la tarde otras dos antes de empezar el permiso de fin de semana que incluye el lunes, Santiago Apóstol.

En el Campamento quedamos los pocos que tenemos servicios que cumplir o los arrestados, de modo que los oficiales de semana nos ocupamos de dos Compañías cada uno. Nuestras obligaciones se reducen a mandar las formaciones de diana, fajina y retreta; el resto del día lectura, descanso y meditación.

En algún momento, después de la jura de bandera, ha empezado a trabajar en las proximidades del cuerpo de guardia, a la entrada del campamento, una pesada máquina retro-excavadora, manipulada por un sargento especialista, que está haciendo un enorme hoyo que, dicen los informados, será la base de la piscina, objeto de deseo desde la creación del campamento, nunca logrado. Lástima que ya no nos podremos bañar en ella, con lo que hubiéramos disfrutado.

Domingo, 24 y lunes 25 (Santiago)

Permiso

Martes, 26

Hoy es el primer día que se llevan a instrucción las armas colectivas recibidas recientemente: tres morteros de 81 mm, dos ametralladoras ALFA y cuatro lanzagranadas de 88,9 mm., que se incorporan a la compañía formando dos secciones, una de morteros y otra de ametralladoras. En lo sucesivo los ejercicios de instrucción versarán sobre el aprendizaje teórico de este armamento y de su manejo táctico. Lo más pesado es su transporte a hombro, además del inseparable mosquetón. 21 kg pesa el tubo del mortero, 17 la placa base y otros tantos el material de ajuste del tubo. Por el estilo está la ametralladora, que se descompone en la máquina propiamente dicha, el trípode en que se sujeta y los cañones de respeto. Los lanzagranadas son bastante más ligeros, y doblados, se ajustan como un segundo mosquetón en el hombro libre. Semanalmente se rotarán las piezas para que el esfuerzo sea repartido entre todos. Con el sobrepeso la compañía pierde parte de su marcialidad pero poco a poco se tendrá que conseguir incorporar con normalidad de manera que se pueda desfilar marcando el paso, igual que cuando sólo se llevaba el mosquetón.

En la clase de gimnasia se saltan los aparatos que serán objeto de examen de esta asignatura: caballo, potro y plinto. Estos ya fueron los mismos que se practicaron en el curso de Aspirantes por lo que no representan dificultad en general, aunque siempre hay algún reacio a saltarlos a la primera.

Por la tarde, después de las clases, se puede ir a ver por televisión el encuentro de fútbol del Campeonato del Mundo que aún se sigue disputando en Inglaterra desde hace casi quince días. No hay quien se libre de ellos, a través de los televisores o por los altavoces de la emisora del campamento.

Miércoles, 27

Hacia las cinco de la mañana una fuerte tormenta despierta el campamento con su estrepitoso aparato acústico y lumínico. Nos regocija estar calentitos en el jergón y la esperanza de que si continúa se tenga que aplazar la marcha de 22 Kms que está prevista. El recuento de diana se hace desde las tiendas, con la orden de armar los “charnaque” y permanecer levantados; a la espera de ver qué ocurre nos dedicamos a reforzar los toldos con periódicos y plásticos para disminuir las goteras que se abren paso por las viejas cubiertas. Las tormentas en estas zonas de montaña llevan aparejadas cantidad de truenos y rayos, que esperamos sean recogidos por el pararrayos que nos ampara desde la torre del reloj en la plaza de armas. En pocos momentos el agua, desbordada, discurre libremente de arriba abajo. Conforme pasa el tiempo y la lluvia no cesa nos vamos dando cuenta de que la alegría inicial de permanecer inactivos a resguardo de la lluvia se torna en incomodidad y aburrimiento.

Hacia las nueve, cuando ya vamos dando por hecho que la marcha se suspende, cesa la lluvia. A los pocos minutos empieza otra vez pero ahora en forma de órdenes de marcha, a distintas horas, desde las nueve treinta a las once. Es finalmente a esta hora cuando, afianzado un poco el tiempo, empezamos a salir con más de dos de retraso. Sin nuevos episodios de lluvia, a las dos treinta alcanzamos el puesto de aprovisionamiento para comer. Como oficial de semana, el Alférez que suscribe, comete una falta por negligencia, a juicio del Capitán de Cuartel que la descubre, consistente en que, una vez distribuida la comida entre la tropa, se reúne con el resto de los oficiales de su compañía, sentados a cierta distancia de la misma, para comer juntos. En su ausencia se produce un altercado entre dos alumnos que lleva a que aquél se entere, llame al Alférez y le comunique que al llegar al campamento se constituya en arrestado durante 24 horas por falta leve, de acuerdo con el artículo 418 del CJM.

A las cuatro emprendemos la vuelta y, siguiendo el mismo camino que a la venida, entramos en el Campamento a las ocho y media, hora en la que empieza a contar el arresto.

Jueves, 28

El oficial de imaginaria de semana, Teniente Caballero, se hace cargo de las funciones del Alférez Félix mientras dura el arresto. Al Capitán Andrés no le ha hecho nada de gracia la sanción a un oficial suyo bien valorado, que ha tenido cierta transcendencia entre el resto de oficiales del Batallón, pero no queda más remedio que aceptarlo. Al fin y al cabo se trata de una sanción de carácter leve que no incide en el expediente militar; simplemente se produjo una negligencia, se descubrió y se sancionó. Eso es todo.

Acabado el arresto a las ocho de la tarde, me presento al Capitán que lo impuso, quien se muestra indulgente diciendo que la sanción la ha impuesto no como a oficial sino como a alumno de tercer curso, lo que no sé si me consuela o me humilla más que el haber pasado el día recluido en la tienda de oficiales sin nada que hacer; incluso la comida la trae el asistente que nos hace las camas, limpia la tienda y rellena el botijo, a quien he tenido la ocasión de conocer, dado el diferente horario que seguimos, y agradezco su ayuda.

Viernes, 29

Desde que llegamos en junio no había caído una sola gota de lluvia, por lo que el terreno estaba polvoriento y con la menor ráfaga de aire se levantaba un polvo ocre que llegaba a todos los resquicios. Después de la gran tormenta del miércoles el suelo reseco ha absorbido toda el agua y el terreno se encuentra en perfectas condiciones para las actividades diarias. Así pues, realizamos ejercicios de instrucción tanto de orden cerrado con armas individuales como con las de orden táctico colectivas, con morteros a cargo del Teniente Caballero y con ametralladoras, al mío.

Los viernes por la tarde, como último acto oficial del día, se reúne en la plaza de armas toda la fuerza del campamento para arriar bandera. En años anteriores este acto se celebraba todos los días pero en éste el mando ha decidido hacerlo sólo un día a la semana y dedicar ese tiempo a descanso del personal. Hoy una densa niebla impide ver la magnífica puesta de sol por el lado derecho del Gallicant; en los días soleados, el toque por los caídos en el más absoluto silencio, con el sol ocultándose entre las montañas, produce una sensación de emocionada tranquilidad que desearíamos más larga. La humedad de la niebla satura la atmósfera y se posa en las hojas de los pinos que, goteando, mojan su alrededor.

Después de la cena los viernes hay cine para oficiales, al que no puedo acudir por estar de semana y tener que vigilar en los comedores los que van a preparar los exámenes de mañana.

A la hora de acostarse, persistente la niebla, la humedad ocupa los espacios: ropa, cama, cabeza…

Sábado, 30

Amanece lloviendo, no de tormenta sino de temporal. En la formación de diana arrecia y nos calamos. Entre la humedad de la niebla y la de la lluvia no tenemos ropa seca para cambiarnos por lo que se seca con el calor del cuerpo, a riesgo de pillar un resfriado.

Como no levanta y se alternan ratos de aguacero con otros sin lluvia, se decide hacer los exámenes en la plaza de Armas como siempre. La situación no varía y durante el rato de los exámenes ocurre otro tanto; a pesar de que los alumnos tratan de proteger sus tablillas con el cuerpo no se puede evitar que se mojen las hojas de examen y se conviertan en “papel mojado”, que será difícil de corregir.

Vueltos a la compañía y revisada la limpieza de su recinto, como se viene haciendo en el II Grupo desde hace varios días con insistente exigencia, nos arreglamos para salir de permiso, “ponerse de bonito” se dice en el argot militar a vestir la ropa de paseo. Como hace quince días que no veo paisanos y paisanas estoy deseando verme en Sitges.

Domingo, 31

Permiso.

 

Agosto de 1.966


Lunes, 1

Cuando llego al Campamento a las 6,30 de la mañana una densa niebla cubre el paisaje y una fina lluvia, a veces más fuerte, cae persistente. Parece que ha llovido toda la noche y el suelo, no hace tanto reseco, está ahora embarrado. Como la situación no mejora se van suspendiendo las actividades de instrucción y gimnasia, tiempo que aprovechamos para descansar de la fatiga del permiso en unas tiendas castigadas por los años y la últimas lluvias, en las que el confort es escaso pero al que nos acomodamos lo mejor que podemos. Horas de lectura, música y partidas de cartas, en las que participamos todos los oficiales de la Compañía, esta vez en la tienda de los Alféreces.

Para combatir el ocio, a estas horas ya aburrimiento declarado, a las cinco de la tarde se reúne todo el II Grupo de Infantería en el local del cine donde se imparten de mala manera, pues somos demasiados, dos clases teóricas a fin de no perder el acelerado ritmo que requiere el programa de formación. A la salida vemos que no llueve pero que persiste la niebla, más densa según cae la tarde. Vuelta a las tiendas y al ocio. Después de cenar un ligero viento disipa la niebla y aparecen en el cielo algunas estrellas, presagio de un buen tiempo para mañana.

Martes, 2

Aunque el día amanece sin lluvia, negras nubes disputan al sol su espacio en el firmamento; como consecuencia, la atmósfera está cargada de humedad y el calor es pegajoso.

En instrucción se combinan los ejercicios tácticos de orden cerrado con los de emplazamiento y dirección de tiro para los morteros y ametralladoras, según quienes están en una u otra tarea.

En el tiempo de gimnasia el Capitán Vilaplana, titular de la 9ª, dirige el ensayo de una tabla con tres compañías conjuntamente para hacer una exhibición ante el Coronel jefe de la Unidad Especial. A continuación, sin tiempo para darnos una ducha, forman con armas todas las compañías en la plaza de armas para pasar “Revista de Comisario”. El Comandante que la va a realizar nos explica primero cuál es el objeto de la revista y luego la pasa sólo a la 2ª Compañía de Ingenieros en representación de toda la Unidad Especial.

Cuando entramos en los comedores al mediodía parece que las nubes volverán a descargar, sin embargo al salir media hora después, el cielo se ha despejado y el tiempo parece estabilizado, lo que permite que las clases de la tarde se desarrollen con normalidad a pesar de que el suelo está muy húmedo y no se encuentran sitios secos donde sentarse. Al terminar el día la temperatura es suave y el cielo limpio.

Miércoles, 3

Para los ejercicios de tiro real con ametralladoras y morteros, la compañía se desplaza a un lugar distinto del habitual de instrucción, donde se recibe formación teórica y práctica del uso de dichas armas. El Teniente Caballero explica cómo apuntar, buscar la deriva y demás requerimientos y se hacen a continuación asentamientos sobre el terreno. Durante el descanso un alumno aficionado a la fotografía toma una instantánea de la compañía al completo, que se añade aquí abajo y en la que se resaltan con un círculo rojo los oficiales: Capitán Andrés, Teniente Caballero, Alférez Serrano y Alférez Estany.


10ª Compañía de Infantería

Esta segunda mitad del campamento es en la que se ponen en práctica los conocimientos teóricos explicados sobre sus respectivas armas y equipamiento: la Infantería con la fusilería, granadas, morteros, ametralladoras, lanzagranadas y carros de combate; los Ingenieros extendiendo sus cables y tratando de comunicarse con sus viejas emisoras de la guerra de Corea y la Artillería disparando sus obuses. La de montaña traslada a lomos de mulos sus cañones y los arma en los emplazamientos elegidos tras el arduo esfuerzo de lograr que los semovientes se avengan a hacer lo que los acemileros pretenden. La antiaérea, altiva, dispara sus grandes obuses hacia supuestas formaciones de aviones enemigos para deshacerlas. Como consecuencia de tanto disparo se escucha un estruendo que sólo cesa a partir de las siete de la tarde cuando se acaban los ejercicios.

En gimnasia se sigue practicando la tabla que dirige el Capitán Vilaplana, en la que no es fácil de acompasar el esfuerzo y voluntad de sus cuatrocientos individuos. Al igual que en los ejercicios con aparatos de saltos, los hay voluntariosos que se esfuerzan y lo hacen bien y los rácanos que se escaquean; allá ellos porque unos y otros rendirán cuentas en los exámenes de fin de curso.

Por la noche los oficiales de la 10ª cenan en el Snack , toman unas copas, charlan y se acuestan más tarde de lo conveniente.

Jueves, 4

Bajo un sol radiante, a las ocho iniciamos el descenso por el camino de Mas d'en Rei en busca de lugares apropiados para el asentamiento de morteros con los que se practicará en los próximos días. Localizados los lugares, se cambian los fusiles por picos y palas con los que todos se afanan en tener listos lo antes posible los mejores emplazamientos; efectivamente, en menos de una hora está dispuesto el lugar de los morteros y su entorno para que los sirvientes, tirador, cargador y artificiero, especialmente este último, se desplacen con rapidez y seguridad con la granada en brazos desde las cajas de la munición hasta el sitio de carga y disparo. Se termina el trabajo con unos toques de camuflaje del lugar con los matorrales disponibles en las inmediaciones, romeros principalmente.

Hecha la parte táctica, toca ahora utilizar la técnica que hemos aprendido en las clases teóricas; bajo la dirección de la plana mayor de la compañía, apoyados en herramientas como el goniómetro de mando, se calculan los ángulos de tiro, deriva de las piezas y puntería. Este tipo de instrucción nos resulta mucho más atractivo, interesante y arriesgado que el que veníamos practicando hasta ahora con las armas ligeras.En el tiempo de gimnasia continuamos con la tabla de los últimos días, con la novedad de que se permite quitar la camisa y quedar solo con el pantalón de deporte, lo que nos produce cierta sensación de estar en la playa.

A las siete y media de la tarde se proyecta para oficiales y jefes la película “El día más largo” que, por su duración, se hace un descanso para la cena, continuándose después hasta que termina y nos vamos a la cama sin más vigilia.

Viernes, 5

Ayer por la tarde un grupo de alumnos se dedicó a preparar las cintas que se dispararán en los ejercicios con ametralladoras de hoy. A las ocho bajamos al lugar de tiro donde se instalan seis máquinas en las que, por turnos, se distribuirán los alumnos ocupando las distintas tareas de tirador, cargador y auxiliar. Los blancos, siluetas humanas en posición de descrestar una loma, se encuentran a cuatrocientos metros de distancia. A las primeras ráfagas varias son abatidas y el mando ordena disparar más bajo para dejar a los siguientes tumbar también algunas. Termina el ejercicio cuando se acaba la munición preparada, 3.200 proyectiles disparados a ráfagas cortas de cinco disparos al ritmo de a-me-tra-lla-dor, de forma que cada tirador consume treinta balas. Éste apunta y dispara mientras que el cargador pasa la cinta y procura que corra con suavidad, y el auxiliar, con una manta, recoge los cartuchos vacíos para recargarlos.

En gimnasia se continúa practicando la tabla que dirige el Capitán Vilaplana, y aunque se van precisando los movimientos, todavía falta uniformidad y el ritmo que requiere este tipo de manifestaciones gimnásticas de muchos efectivos.

Como día víspera de exámenes, se abren los comedores para el estudio. Los oficiales libres de servicio podemos ir al cine donde proyectan una película de Anita Ekberg, que resulta ser tan mala que ni la belleza y exuberancia de la protagonista consigue mantener el interés y el Alférez ayudante de Comandante Vicién, compañero de Facultad en Zaragoza y yo, nos salimos y charlamos un buen rato.

Sábado, 6

Como cada sábado, tienen lugar los exámenes semanales en la gran explanada de la plaza de armas y su parte inferior. Terminados, permiso hasta mañana a las doce de la noche.

Domingo, 7

Permiso.

Lunes, 8

La diana nos vuelve a despertar con lo que ya es habitual en los últimos días, niebla. Al salir para el campo de instrucción recibimos orden de trasladarnos al local del cine donde se pasa al II Grupo de Infantería un carrusel de diapositivas sobre patrullaje. Entre la pesadez del ambiente exterior, el calor en el local y la falta de sueño del fin de semana, se oyen cantidad de bostezos a duras penas reprimidos, y cabezadas de sueño cortadas por los codazos de los compañeros. Los oficiales ayudan a mantener despierto al personal con admoniciones y amenazas de castigo. Cuando termina la proyección dedicamos una hora aproximadamente a practicar asentamientos de morteros y entradas en posición de ametralladoras en una zona cercana al recinto de la compañía.

Por la tarde se hace un inciso en las clases teóricas para observar las maniobras de una sección de carros de combate que ha subido a Los Castillejos para realizar ejercicios de patrulla acompañando a los infantes. El Teniente que manda la sección, formada por cincos carros, nos da una breve charla sobre el material que dirige, pudiendo a continuación palparlos subidos a esas moles de acero que causan temor sólo de escucharlos rugir y que levantan nubes de humo del tubo de escape y del suelo sobre el que pasan. Como es la primera vez que se ven carros en el campamento, la lógica curiosidad nos lleva a varios oficiales que nos hemos quedado una vez se retira la compañía a pedir permiso al Teniente para entrar en ellos y acompañarlos a su lugar de estacionamiento . Concedido, me meto en uno de ellos por la escotilla de la torreta y el sargento al mando me coloca unos auriculares a través de los que escucho lo que se cuece en el carro. Una sensación que me produce aturdimiento al escuchar distintas voces simultáneamente, que supongo son órdenes de marcha y de simulación de acciones de combate. El espacio dentro es tan reducido que a los hombres sólo les queda sitio, sentados o de pie, para las maniobras de conducción, carga de proyectiles y disparo, estando el resto ocupado por los aparatos eléctricos, mecánicos, de infrarrojos, tubos, depósito de munición. Debe costar acostumbrarse a la agobiante atmósfera que produce el calor y la sensación de estar atrapado en un lugar del que es difícil salir en caso de emergencia. La experiencia ha sido muy interesante en cualquier caso.

La niebla es tan densa que cae una fina lluvia por condensación y la temperatura es bastante baja. Apetece echarse un copazo para mitigar el frio y la humedad.

Carro de combate en Los Castillejos

 

Martes, 9

No hay manera. Ya van dos semanas sin que la niebla se decida a abandonarnos. En instrucción solo podemos practicar unas cuantas entradas y salidas en posición de las ametralladoras y hacer asentamiento con los morteros.

Un comentario sobre el acarreo de las armas colectivas. Cada mañana el oficial a cargo sufre lo suyo hasta que consigue que los porteadores saquen y carguen, despiezado, de la tienda el armamento que les toca llevar. Casi la mitad de la compañía se emplea en llevar y traer al campo de instrucción estas armas, desfilando en cabeza de la formación como forzados mientras el resto marcha a continuación ligero sólo con el mosquetón. Lo peor de llevar es la placa base del mortero, de forma cuadrangular, que tiene unas aristas que se clavan en la espalda, especialmente cuando se marca el paso en el desfile por la plaza de armas a la vuelta de instrucción. Tampoco el tubo, con sus 21 kg. de peso o el trípode se adaptan bien al cuerpo, aunque son más llevaderos. Entre unas cosas y otras casi todos los días llegamos tarde al campo de instrucción, pero llegamos.

El tiempo desapacible favorece la aparición de catarros y anginas principalmente, atendidos por los recién licenciados en medicina, que hacen prácticas con sus compañeros dispensándoles fármacos recibidos ya gratuitamente de los laboratorios, sin necesidad de apuntarse al reconocimiento médico oficial.

Miércoles, 10

Y con niebla amanece el nuevo día.

Para esta noche hay previsto un ejercicio consistente en el relevo de una sección de combate; a tal fin, en horario de instrucción se ensaya con luz lo que se deberá realizar a oscuras con la ayuda de los astros si no hay niebla. Se jalonan los itinerarios para lograr cierta orientación en la oscuridad, se marcan los puntos de reunión de los pelotones relevados, se establecen las consignas, santo y seña y damos por terminado el ensayo.

Después de fajina, cerrada la noche, salimos hacia el lugar señalado. Se da un tiempo prudencial para que las secciones implicadas se sitúen, y a las diez empezamos. Lo fundamental en los ejercicios nocturnos es actuar sigilosamente y no delatar el lugar que se ocupa con luces ni lumbre de cigarrillos; los sargentos de pelotón se esmeran en que los hombres actúen disciplinadamente, coordinando los cabos y éstos a sus soldados. En unos cuarenta y cinco minutos se consigue el relevo observando las consignas de actuar en silencio, sin utilizar luces y reagrupándose con rapidez. El Capitán y el Teniente que han observado y valorado el ejercicio comandado por las secciones de los dos Alféreces, se muestran satisfechos del resultado y así, contentos, reunida la compañía y en columna de viaje, regresamos al campamento que ya duerme desde hace una hora.

Jueves, 11

Nuestra anfitriona de los últimos días, la niebla, no desiste y continúa influyendo en la vida campamental, no en vano impide hacer los ejercicios previstos con el armamento pesado con que practicamos últimamente y volver a los de instrucción en orden cerrado que ya se aprendieron en primer curso, a fin de no permanecer ociosos.

Acabado el tiempo de instrucción se proyectan en el local del cine varios cortometrajes americanos e ingleses de movimiento y forma de maniobrar de una compañía blindada de apoyo a la infantería; uno inglés, muestra un golpe de mano nocturno, insistiendo en lo que nos esforzamos la noche anterior en observar en nuestro relevo de sección: precauciones a tomar, finalidad del mismo y disciplina a respetar.

Hace varias semanas que los jueves y viernes se pasan películas para los oficiales después de la cena, son las mismas que el sábado y domingo se proyectan para quienes se quedan en el campamento. Este aliciente permite mantener un vínculo con la vida civil, aunque no es el caso de esta noche porque la película ya no puede ser de más ambiente castrense: “El día más largo”, que es muy buena, por cierto.

Viernes, 12

La mañana amanece con neblina que se diluye poco a poco hasta imponerse un magnífico sol. Esto va a permitir que se lleve a cabo un ejercicio de asalto a una posición enemiga defendida por fusilería y lanzagranadas, a cargo de las compañías 9ª y 10ª auxiliadas por la sección de carros de combate que desde hace unos días evoluciona por el campamento. La táctica va a consistir, según explica nuestro Capitán, en lanzar el ataque las tres secciones simultáneamente, a las que previamente se ha señalado el terreno y la zona de ataque y de asalto, y a las que se unirá en la misma línea de asalto la sección de carros para facilitar la captura por parte de la infantería. Da comienzo el ejercicio, desplegadas en rombo las secciones, disparando balas de fogueo a las que responde la fuerza enemiga. Por saltos de pelotón primero y de elemento después, se alcanza la línea de asalto con algunas bajas. Agazapados como podemos, bajo fuego enemigo, tenemos que esperar el apoyo de los carros, que se retrasan un poco, para lanzar el ataque final y tomar la posición. El mando, desde una posición algo elevada, contempla las maniobras y valora desigualmente el desarrollo de la actuación. Nuestro Capitán es de los positivos; a pesar de que la coordinación de la Infantería y los carros no ha sido perfecta, considera que se han logrado los objetivos suficientemente. A continuación atacantes y defensores suben a los carros, volviendo al punto de partida desde donde se repetirá el ejercicio, esta vez por parte de la 9ª compañía.

Tiro con lanzagranadas

Por la tarde, a causa de la niebla que vuelve a adueñarse de Los Castillejos durante el emotivo acto de arriar bandera que se celebra los viernes en la plaza de armas, formadas todas las unidades, no se ve el Gallicant, Font Verdú, la línea eléctrica que cruza la carretera de Arbolí, ni tan siquiera el fondo mismo de la plaza. Todo es niebla, incluidos nosotros.

Sábado, 13

 Hoy se celebra el último examen ordinario del verano. Los que van de “mediano” o sea que tienen algún suspenso, pueden remontar evitando ir al examen final y aprobar por parciales, podríamos decir. Todos quieren ir de fin de semana, doble por la festividad de la virgen de agosto, con la tranquilidad de tener todo aprobado; a tal fin, complementando el esfuerzo del estudio, se ponen en práctica las diversas técnicas de copiado, que pasan bastante desapercibidas ante los ojos de los oficiales que vigilan. Parece que se dice, tengamos la fiesta en paz ante el goloso permiso, y a las once nos vamos hasta el próximo lunes a las doce de la noche. ¡ A disfrutar !

Domingo, 14 y Lunes, 15

Permiso

Martes, 16

A pesar de la galbana que arrastramos tras el largo permiso, cogemos rápidamente el tono militar con el plan del día que consiste en estrenarse en el disparo con morteros. Pero antes hay que hacer los oportunos preparativos, que se inician nada más sonar el toque de diana. Un oficial va al parque móvil para hacerse cargo de un camión que bajará las armas y la munición al campo de tiro. Primero se cargan los morteros en la compañía y luego se sacan del polvorín las granadas a disparar.

Para la compañía es un día especial pues otras unidades ya han hecho fuego real con morteros y tenemos que pugnar por mejorar sus marcas. Las escuadras que van a disparar se afanan por contrarrestar los efectos que el fuerte viento de hoy tendrá en la puntería, estimando la influencia que su fuerza y dirección ejercerán sobre los proyectiles para conseguir dar en el blanco. La plana mayor, compuesta exclusivamente por alumnos, da los datos de tiro; se hacen los asentamientos, se calan niveles, se hacen las punterías… y ¡pum¡, primer disparo. Los primeros son para asentar las armas y hacer las correcciones oportunas. A cada disparo se afinan la carga, la puntería y la rapidez de cargadores y tiradores hasta que se bate la zona asignada como blanco. Ya suenan con profesionalidad las voces de “fuego la primera sin novedad”, “lista para hacer fuego la segunda”, y así hasta terminar de lanzar las 19 granadas asignadas para el ejercicio, sin más novedad general que un pequeño incendio que se produce en los matorrales del área sobre el que han caído los proyectiles, que se extingue por sí solo. No ocurrió lo mismo el año pasado cuando en prácticas con este tipo de arma se formó un fuego que fue adquiriendo intensidad y que no pudimos sofocar los que lo hicimos a pesar de intentarlo hasta la extenuación, y sólo cuando bajó una compañía entera de regimentales que se disponían a entrar en el comedor, se logró controlar y finalmente extinguir usando picos, palas y ramas de pino por todo material de extinción; así que buena comida les dimos a los pobres soldados. Terminado el ejercicio, volvemos al campamento ascendiendo la empinada cuesta de acceso por debajo del vertedero.

Tiro con mortero

Miércoles, 17

Apenas faltan dos semanas para que concluya el campamento y aún hay una parte importante del programa que cumplir; se trata de actividades distintas a las que hemos practicado hasta ahora, que nos interesan por la novedad y experiencia que aportan. Hoy, por ejemplo, vamos a pasar un día entero en el monte, durmiendo en vivaques o tiendas de campaña. A tal efecto, a las cuatro de la tarde salimos las tres compañías del segundo grupo de Infantería mandadas por capitanes aragoneses: la 7ª, la 8ª y la 10ª, hacia las casas del Gallicant o restos de una masía abandonada donde armaremos las tiendas y pasaremos la noche. Cada hombre porta lo necesario para un día y una noche: manta, bolsa de costado con comida, cantimplora, una cuarta parte de tienda y el armamento habitual.

Llegados al lugar, se montan las tiendas y se organiza un ejercicio nocturno que consiste en rodear el monte Gallicant, el más alto de la sierra de la Mussara, parte de la de Prades, por parte de los efectivos de las tres compañías, mientras que unos cuantos hacen de guerrilleros y tratarán de infiltrase y destruir con explosivos un objetivo situado en la cumbre. A las siete de la tarde empieza el ejercicio que acabará cuando los guerrilleros hayan conseguido dar el golpe de mano o a las once si no lo logran. Cuando se termina de desplegar la línea defensiva en torno al Gallicant ya se ha formado una densa niebla que de hecho adelanta la noche cubriendo todo de negrura y humedad. En estas condiciones, y sin poder alumbrarse con nada, es casi imposible dar un paso sin tropezar con un arbusto o despeñarse por un cortado de la montaña. Los radioteléfonos de enlace no funcionan y los enlaces peatones no pueden moverse a riesgo de perderse, así que sólo podemos apretarnos al terreno y aguantar el frío, el hambre y la humedad lo mejor que podemos, hasta que a las diez y media suena el estruendo del explosivo que anuncia que los guerrilleros han conseguido infiltrarse y destruir el objetivo. La reunión de la gente resulta laboriosa; en mi sección, por ejemplo, faltan cinco que no llegan a la zona del vivaque hasta pasadas las doce, cuando ya íbamos a salir a buscarlos.

El mando había previsto hacer un fuego de campamento después del ejercicio pero la gente está tan cansada que solo quiere acostarse, así que quedamos los oficiales de las tres compañías para reconfortarnos con una cena que ha preparado el Capitán Carrasco, que consumimos en las ruinas de la masía a la lumbre de un fuego. Entre charla y libaciones se nos hacen las tantas, cuando nos arrojamos en unos jergones roñosos que encontramos entre los escombros, y así dormimos un rato antes de que amanezca.

Vivaqueando en el Gallicant

Jueves, 18

 El toque de diana hoy no es a golpe de corneta como a diario sino de viva voz, ni tampoco a las seis y media de la mañana sino a las nueve, cuando algún oficial que participó en la velada de anoche se despierta y comprueba aturdido y con sensación culpable lo avanzado de la hora. Tras un frugal desayuno a base de pan con chocolate para los alumnos y de nada para los oficiales, recogemos los pertrechos del frágil campamento y con pocas ganas de charla nos volvemos a Los Castillejos.

Una vez allí, en vez de meternos en los catres o “charnaque” como hubiéramos deseado, vamos al local del cine donde se siguen proyectando documentales bélicos que, si nos entran por la retina a duras penas, no en el cerebro, empeñado en dormir.

Desde hace unas semanas, como consecuencia de altercados entre algunos oficiales del 2º Batallón, se crea una separación del Grupo en dos bloques bien diferenciados por afinidad de carácter entre los mandos de las unidades. La 7ª, 8ª y 10ª por un lado y 9ª, 11ª y 12ª por otro. Los oficiales menores seguimos a los superiores, y aquí paz y después gloria.

Viernes, 19

Continuando con la realización de nuevos ejercicios, hoy toca hacer el de patrullas de oficial. Se trata de marcar un itinerario sobre un mapa topográfico y recorrerlo sobre el terreno, tomando nota de sus características de cara a su utilización como ruta militar: accesibilidad, topografía, amplitud para acceso de tropas de Infantería y Artillería, etc., se obtienen panorámicas desde los puntos altos que ofrecen buenas vistas y se sacan fotografías del terreno. Con este material de datos e imágenes se confecciona una guía completa del itinerario recorrido que se presenta al Capitán de la compañía y que servirá para valorar a los participantes, tanto al oficial que la manda como a los alumnos que la componen.

Se forman tres patrullas que salen del campamento cuando la niebla se ha levantado justo a tiempo de empezar, ya que de otro modo se tendrían que haber cancelado por falta de visibilidad para seguir la dirección marcada por la brújula, aparato esencial en este tipo de actuación; cada una toma un rumbo diferente a partir del cruce del abandonado pueblo de la Mussara, para coincidir, tres horas más tarde, en la cota llamada la Punta desde la que se obtienen buenas panorámicas por los especialistas de la patrulla, topógrafos, principalmente. A la una tomamos el camino descendente a Mas dels Frares donde comemos, regresando al campamento remontando las empinadas rampas del campo de instrucción de los ingenieros.

Iglesia de la Mussara

Sábado, 20

A pesar de que las clases teóricas han terminado hace ya una semana, se dispone que se haga un último examen sin valoración concreta, que promedie los resultados ya consolidados durante el curso, para que conste una nota más en el expediente. Tras el examen se produce la desbandada del fin de semana.

Domingo, 21

Permiso.

Lunes, 22

Amanece un precioso día en el que llevar a cabo lo que ha dispuesto el mando: una marcha hasta el pequeño pueblo de Siurana, distante unos 14 Km en línea recta, según las cotas que marcan el itinerario, pero bastante más sobre el terreno, con subidas y bajadas muy pronunciadas y sendas la mayor parte del camino, que sólo permiten andar en fila india. A las 8,00 el II Batallón de Infantería al completo comenzamos a andar descendiendo durante una hora hasta las “cascadas”, lugar desde el que se bombea el agua que se consume en el campamento. Resulta refrescante andar por estas veredas cubiertas de vegetación por su dos lados hasta llegar al barranco de Siurana, siempre bajando; junto a unas casas abandonadas descansamos un rato, empezando a continuación la subida en fila de a uno, zigzagueando por la ladera de la montaña, en cuya cima se encuentra el pueblo. Es de ver la interminable hilera que formamos al marchar uno detrás de otro los setecientos hombres del Batallón, con más de media hora de diferencia del primero al último. Llegados y reagrupados, aún falta una hora para que se reparta la comida, tiempo en el que se nos da una breve charla sobre la historia del pequeño pueblo que ofrece un aspecto muy cuidado, del que sus habitantes están contentos y que está atrayendo cierto turismo, no sólo de proximidad, y en el que también nosotros podemos disfrutar deambulando por sus calles y asomándonos a sus varios miradores o balcones desde los que se observa un magnífico espectáculo de naturaleza. Aprendemos de la charla que su fundación fue árabe así como su último reducto en Cataluña; en estos momentos es una pedanía, con sólo 19 habitantes, de una población más grande que se divisa desde aquí.

Después de comer emprendemos el regreso al campamento en sentido inverso al que hicimos por la mañana: primero descendemos y luego subimos, subida que se nos hace pesadísima por ir con el estómago lleno y por la inclinación del camino. Más de tres horas tardamos en cubrir la distancia llegando a las 20,00 aunque ha valido la pena por ser la marcha más bonita que se puede hacer desde Los Castillejos.

Martes, 23

El cansancio tras la marcha de ayer se hace sentir al toque de diana; no obstante, parece que hoy no vamos a sufrir mucho desgaste. Los oficiales profesores tienen que poner las calificaciones del curso a los alumnos, sacar las medias y llevarlas a la Jefatura de Estudios, por lo que a instrucción vamos los alféreces al mando de la compañía; así nos encontramos todo el II Batallón, y todos hacemos más o menos lo mismo, o sea aparentar más que trabajar pero el Capitán Carrasco, que vigila dando vueltas con un jeep, decide organizar un ejercicio de carros de combate con las compañías “escaqueadas”, que nos saca del sopor; además lo tenemos que hacer bien porque lo presenciará un General invitado al Campamento

Parece que el ejercicio se ha planificado con cierta improvisación y el Coronel, que no está satisfecho, escucha de mala gana las justificaciones que le llegan. A la 10ª se le encomienda finalmente adoptar una posición defensiva mientras la 12ª nos ataca apoyada por los carros. Acabado el tema, mandados por oficiales de otras compañías, volvemos a una situación más o menos relajada hasta que recibimos la orden de regresar al campamento.

Por la tarde todos los oficiales nos dedicamos a obtener las medias de curso de los alumnos. Es una tarea larga y tediosa en la que se sacan las medias por grupos de asignaturas, luego la global del curso, éstas se suman a las notas de espíritu militar, disciplina y dotes de mando, quedando así la total del curso. Ésta, sumada a la del curso pasado y dividida entre dos, da la definitiva que sirve para fijar los números de promoción, que servirán a su vez para fijar el número de alféreces y sargentos. Los cálculos, naturalmente, se hacen a mano o sea con lápiz y papel; no hay medios mecánicos de ayuda y aunque los hubiera nadie sabría manejarlos: ¡qué es eso de las sumadoras de manivela o las calculadoras de cursores!

La niebla sigue visitándonos casi todas las tardes.

Miércoles, 24

 Para dentro de dos días, y como epílogo del período campamental, se ha dispuesto el desarrollo de un ejercicio de más amplitud y calado que los llevados a cabo hasta la fecha al que se llama maniobras, aunque quizás resulte exagerado llamarlo así dada su menor duración y complejidad.

Por un pequeño accidente sufrido por nuestro Capitán, le releva al mando de la compañía durante el ensayo de las maniobras el Teniente, a las órdenes del Capitán de la 9ª Compañía con la que conjuntamente se hará la operación, ante la presencia del coronel y demás mandos de la Unidad Especial. El ejercicio consiste en desalojar un supuesto enemigo que ha establecido posiciones en la zona del vertedero, progresando en guerrilla desde Mas d'en Rei, con dirección a Vértice Sec, disparando con el armamento propio de ametralladoras y lanzagranadas y con cobertura de artillería y de una sección de carros de combate que disparan fuego real desde Mas d'en Rei, ya que lo abrupto del terreno imposibilita su movilidad por la zona.

El mando de las dos compañías, sus secciones y pelotones se transfiere a alumnos que han sobresalido durante el curso en capacidad de mando, supervisados por los oficiales que acompañan los efectivos en los saltos de ametralladoras y lanzagranadas. Confiemos en que el día fijado para las maniobras el tiempo sea claro ya que con niebla se tendrían que suspender debido a que ni las ametralladoras podrían disparar ni los progresos se podrían hacer por referencia de las avanzadillas ni se podría seguir su desarrollo desde el campamento como está previsto.

Ensayado el ejercicio, subimos al campamento por la rampa del campo de tiro.

Jueves, 25

Para hoy no hay nada especialmente programado, por lo que las unidades permanecen en sus respectivos recintos confeccionando la documentación de las patrullas de oficial que realizaron en días pasados. Los alumnos de Bellas Artes que hacen las tareas de topografía y dibujo realzan los perfiles de los mapas y trazan los itinerarios en folios que, formando un legajo, artísticamente dibujados, se entregarán como obsequio al Capitán de la compañía. Cada patrulla intenta que su trabajo sea el mejor, compensando la falta de medios técnicos en la confección de los informes con imaginación al colocar las fotos y dibujos de manera artística tanto como técnica.

Como el trabajo ya no absorbe y queda tiempo libre, los ánimos de los alumnos se excitan ante la ya próxima terminación del campamento y los resultados que habrán obtenido de cara a salir como alféreces o quedarse de sargentos. No hay muchos que, llevados por los nervios, preguntan directamente. Los más aparentan tener un interés relativo en la estrella y lo enfocan más en la terminación del campamento, sobre todo quienes en su fuero interno calculan que no la lograrán. Sin embargo, se podría decir que a casi todos les gustaría hacer la última parte de las milicias luciendo una estrella de seis puntas en la bocamanga. Aparte de las notas del curso, criterio objetivo, en la valoración de los otros factores como actitud, espíritu militar, valor, etc. hay en general coincidencia de los oficiales, por lo que quedamos tranquilos al decidir.

Viernes, 26

Para la mañana de hoy está previsto llevar a cabo el ejercicio de las maniobras de fin de curso que ensayamos hace un par de días pero una intensa niebla que persiste a lo largo del día, obliga a suspenderlas y de hecho anularlas ya que no hay tiempo para hacerlas otro día puesto que el campamento termina prácticamente mañana, cuando empieza la devolución a los almacenes del material que se nos entregó al comienzo del campamento: menaje, armas, etc. En realidad a pocos les importa que las maniobras no se hayan podido hacer puesto que supone haberse librado de los problemas que se hubieran podido derivar de hipotéticos fallos en la realización, escrutados atentamente por los mandos de la Unidad Especial y en especial por el Coronel que, en su función de observador de Estado Mayor, no los hubiera pasado por alto.

Por la tarde la 10ª de Infantería hace entrega de los mosquetones que en todo momento en los dos últimos veranos han acompañado al infante como la sombra al cuerpo. Uno se acostumbra a portarlo en casi todas las actividades del campamento de tal forma que se echa en falta su ausencia; sin embargo, todo el mundo está muy contento de que ya no será necesario el año próximo volver a acostumbrarse a su compañía porque estaremos en otras cosas que no serán militares, lo que no quita para que nos despidamos de él con nostalgia.

Sábado, 27

Esta mañana, antes de salir de permiso tiene lugar el ensayo del acto de clausura de fin de curso en la plaza de armas con todas las unidades. En un receso del mismo, se produce un espontáneo alborozo generalizado ante la inminente terminación del campamento, que es interpretado con mucho rigor por el mando y que a punto está de terminar con el permiso y sustituirse por una marcha de 30 Km. Terminado el ensayo, con el ánimo decaído en las compañías sin saber qué pasará, finalmente se confirma que el permiso sigue en pie y nos preparamos para salir. Según “radio macuto”, el enfado del mando se ha atenuado, hasta extinguirse, al considerar el coste de la pensión completa de cuatro mil personas durante dos días, que habría perjudicado gravemente el presupuesto del campamento. Terminamos, pues, saliendo por última vez hacia las playas de la Costa Dorada que se encuentran aún en plena efervescencia turística.

Domingo, 28

Permiso.

Lunes, 29

¡Último lunes de campamento! Ya no volverá a empezar ninguna otra semana en Los Castillejos para nosotros los CAOC (Caballeros Aspirantes a Oficiales de Complemento) que nos despedimos del ejército en el que en los tres últimos años hemos estado diez meses: dos períodos de tres meses cada uno en Los Castillejos y un tercero de cuatro en el que se hacen las prácticas de Alférez o de sargento, normalmente en regimientos ordinarios, que a mí me ha tocado hacerlas también en Los Castillejos. Por un lado me he perdido la experiencia de vivir la vida en un cuartel pero por otro la he podido culminar en un ambiente con oficiales procedentes de las academias militares, con un nivel más alto que el de los regimentales al uso. Para los oficiales profesionales este verano ha sido un tramo más de su carrera que, probablemente repetirán en más ocasiones, y a los alumnos de segundo curso les faltará por hacer el próximo año las prácticas de cuatro meses donde elijan, si hay plaza, o donde les corresponda por sorteo.

La despedida se va a hacer con la solemnidad correspondiente: misa de campaña, última lección del curso a cargo del Coronel jefe, despedida a la bandera y desfile por la plaza de armas de toda la Unidad Especial. Así pues, pasamos la mañana ensayando el acto que tendrá lugar mañana.

Por la noche, los alféreces de la compañías 7, 8 y 10 ofrecemos una cena de despedida a nuestros oficiales superiores en reconocimiento a la buena acogida que nos han hecho y a la cordialidad de nuestras relaciones, que en ningún momento han impedido, como no podía ser de otro modo, la disciplina requerida. De Reus se traen las viandas que se preparan en el imperio de oficiales y se consumen en la caseta de los capitanes de las tres compañías. La cena, a la que también se ha invitado al Comandante del Batallón, transcurre con cordialidad y en un ambiente muy bueno, lejos de las reticencias que se comentan de los oficiales profesionales respecto de los de complemento. A los postres y ya un poco achispados todos, el comandante pide que el oficial más moderno, o sea yo, diga unas palabras de despedida. Sorprendido por la inesperada situación, intento hilvanar unas frases sobre el socorrido discurso de las armas y las letras que Cervantes pone en boca de D. Quijote, con ventaja para las armas, que no sé si es conocido por los presentes pero que en todo caso parecía muy apropiado. La improvisación, el énfasis requerido por la ocasión y los tragos en el cuerpo me llevan a decir que el “disfraz” que suponía el uniforme era transitorio… y el Comandante que escuchaba con atención a pesar de lo brumoso del ambiente, me interrumpe diciendo: a ver, mi Alférez, explique eso del disfraz. Yo salgo del embrollo explicando que el sentido es metafórico, y como nadie está para profundizar, acabo con el habitual “he dicho”, recibiendo una calurosa ovación. Nos despedimos tarde, felices y con deseos de volver a reunirnos en alguna ocasión.

Martes, 30

Desde muy temprano, por la mañana, se empiezan a entregar en los almacenes los últimos pertrechos antes de dejar el campamento: mantas, cabezales, colchonetas y “charnaque”. Las compañías se apuran por hacer la entrega lo antes posible de estos útiles que se volverán a usar los años venideros por las nuevas hornadas de CAOC. A media mañana ya se ha entregado todo y en las tiendas sólo quedan las maletas y petates de los alumnos; lo superfluo o únicamente útil para la vida militar se abandona, creándose montones de desperdicios junto a los basureros.

Hacia las seis de la tarde, todo el mundo de gala, se juntan las unidades en la plaza de armas para la celebración del acto que pondrá fin al campamento de este año de 1.966, en el que los alumnos que se han graduado como sargentos o alféreces con carácter provisional tendrán que revalidar con unas prácticas de cuatro meses en regimientos regulares o, como ha sido el caso del Alférez que suscribe, en este mismo lugar, Los Castillejos. Tras una misa y el discurso del coronel jefe de la Unidad Especial, llamado la última lección del curso, los CAOC desfilan de a uno bajo la bandera, despidiéndose de ella y a continuación desfilan en formación todas las unidades ante las autoridades militares y civiles que han subido a Castillejos para presidir los actos de clausura del curso.

Terminada la parada militar, se produce la desbandada general. Los autobuses que han venido a recoger a los alumnos están preparados para partir y éstos no los hacen esperar. Las despedidas ya se han producido en las tiendas antes del acto de cierre pero antes de abordar los autobuses se repiten, apresurados, los abrazos y deseo reencontrarse pronto, porque esta salida no es un permiso más sino, para la mitad, de una marcha sin vuelta. En poco más de una hora desaparecen por la estrecha pista de acceso al campamento la enorme flota de autobuses y coches particulares que han subido para recoger a los alumnos. Sólo nos quedamos aquí los oficiales y un pequeño grupo de alumnos que se irán mañana en la expedición militar.

El campamento se queda desolado; no se oyen las voces, risas y canciones que se escuchaban antes del toque de silencio, así que los que pernoctamos aquí nos acostamos deprimidos, esperando que pronto llegue el día y con él nos vayamos todos.

Miércoles, 31

No nos despierta el toque de diana al que estamos acostumbrados sino un viento frío que nos hace saltar de la cama recordándonos que es el último día que pasamos en Los Castillejos, y también para los alféreces el que acaba nuestro servicio militar; a pesar de haber esperado este día con ilusión, no consigo tener la alegría que preveía habría de tener cuando se pasaban momentos duros de fatiga. La impresión más bien es la de terminar un contrato de servicios con el ejército, es decir, algo más neutro que la anhelada licencia, durante el que, sobre todo en este último recorrido, he sido feliz gracias a la buena armonía que ha habido entre los oficiales de la 10ª: el Capitán Andrés, el Teniente Caballero y el Alférez Estany, a quienes dedico este diario de campamento.

Ya sólo queda, después de entregar las camas, despedirnos del coronel y de los oficiales más allegados. Hecho esto, nos subimos al ómnibus militar que nos lleva a Reus, observando por última vez el maravilloso paisaje que nos ofrece el collado de Alforja, con el perfil del mar al fondo y el profundo valle a nuestros pies.

Así se acaba el verano, el campamento y mi vida militar.

El alférez Félix a la entrada de una tienda

 

Campamento de Los Castillejos. Tarragona, agosto de 1.966 .

 

 

 

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