AGRICULTURA

Tradicionalmente la agricultura de la zona ha sido de subsistencia; dado lo accidentado del terreno, lo reducido de las parcelas y los medios para el laboreo, las producciones escasamente llegaban para satisfacer las necesidades familiares. Cereales, viñedo, olivos y almendros en el secano y hortalizas en la huerta eran los productos básicos arrancados al terreno, complementados por las proteínas que aportaban los animales domésticos, especialmente el cerdo.

Finalizado el éxodo a las ciudades de los años cincuenta, sesenta y aún setenta del pasado siglo, principalmente a Barcelona y alrededores, la agricultura local se reduce a las hectáreas de cereal que cultivan cuatro labradores con sus tractores, más por ocupar parte del ocio que les otorga su merecida jubilación que por el rendimiento económico que les reporta. Por lo que respecta a la huerta, otrora un pequeño vergel que a lo largo del curso del Escuriza procuraba hortalizas y variadas frutas, ha quedado reducida a una pocas parcelas, no más de cincuenta, que son la excepción entre el yermo a que ha quedado reducido el resto del espacio cultivable, a pesar del esmero que ponen en cultivarlas los pocos jubilados que lo hacen y las inversiones que en canalizaciones y en creación de infraestructuras han hecho los distintos Ayuntamientos en los últimos años para animarles a perseverar en su esfuerzo. Aún es un gozo pasear en verano por el camino de la huerta y contemplar las judías, tomates, lechugas, patatas, pimientos y cebollas que crecen en los pequeños huertos.

GANADERÍA

Dado lo áspero del terreno, su altitud sobre el nivel del mar, 950 m. de media, y la baja pluviosidad, sólo se mantiene el ganado ovino y caprino. Antiguamente cada familia poseía unas cuantas ovejas y cabras que se encomendaban al cuidado de un pastor profesional, pagándole en especie. En los años cincuenta, cuando el pueblo contaba con casi quinientos habitantes, había una docena de pastores que guardaban más de tres mil ovejas. Los rendimientos, en forma de carne principalmente, no solían quedarse mucho tiempo en poder de los pequeños propietarios; servían para pagar deudas e impuestos, comprar aperos y para algún gasto imprevisto. En la dieta no se incluía la carne de cordero, salvo en festejos muy señalados: boda de algún hijo, nacimientos, etc. La leche de cabras y ovejas se utilizaba sobre todo para la alimentación de sus propias crías y sólo en ocasiones para consumo en forma de leche o quesos frescos.

Hoy en día quedan dos rebaños, de ovejas exclusivamente, y sólo un pastor-ganadero con dedicación profesional que vive de ello, cuidando un lote de unas mil cabezas. El otro no reúne más de doscientas. Se está tratando de fomentar la cría de la especie "ojinegra", llamada así por las manchas en torno a los ojos, que es muy apreciada por la fina carne de sus corderos.